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Home Tomando Nota Punto de Vista Analítico

En esta columna, Robert F. Kennedy, hijo de Robert F. (Bobby) Kennedy y sobrino del presidente estadounidense John F. Kennedy (1961-1963), analiza el embargo que Estados Unidos impuso a Cuba y al que el autor califica de "fracaso monumental", con base en su experiencia personal de las relaciones de La Habana y Washington.

Sábado, 22 Noviembre 2014 20:51

¿Uno o muchos Méxicos?

México puede encantar, irritar, herir, apasionar, confundir tanto al viajero esporádico como el investigador consciente. Pero nunca va a dejar a nadie indiferente. México marca con huella indeleble.


Pero para tratar de entenderlo cabalmente se tiene que asumir que no hay un solo México, sino muchos. Es lo que en parte hizo famoso un libro de Lesley Byrd Simpson, bestseller en los años 60, lectura obligada de viajeros y universitarios.

Un México parece estar protegido por una burbuja de aislamiento en el tiempo. Otro, se abre cruelmente a casi todos los males y tragedias del tiempo presente.

Uno vive en el pasado y otro no sabe bien si se integra en el futuro. Uno rezuma paz y alegría. Otro se mata sistemáticamente. Uno es generoso y otro roba con placer y corrupción.

Si esta nación depende del trabajo de unos maestros rurales, de base indígena, con salarios de apenas subsistencia, discriminados, desaparecidos, asesinados, la tarea de Peña Nieto y el nuevo PRI es utópica. Muchos Méxicos seguirán coexistiendo. ¿Hasta cuándo?

Por una combinación diabólica de hambre y pobreza con la corrupción gubernamental y privada, entrelazadas con el narcotráfico, la profesión docente que podría ser una modesta corrección de la endémica desigualdad mexicana (y del resto del subcontinente latinoamericano, líder en esa lacra) se convirtió en víctima.

Ignorado en otras ocasiones, advertido hasta la saciedad, el crimen de la detención ilegal, el secuestro y la extorsión han estallado en las manos de tres anillos de gobiernos (municipal, estadal y federal) que pretendían que el México idílico sería capaz de tapar una vez más la realidad de los restos de la “dictadura perfecta”, feliz expresión de Mario Vargas Llosa, ahora tema de una taquillera película.

Resto del espejismo del “fin de la historia” ofrecido por Francis Fukuyama, el México actual es la tozuda muestra de la resistencia del México aparentemente eterno que se niega a desvanecerse.

El servicio que el populista y de nuevo gobernante Partido Revolucionario Institucional (PRI) rindió a Estados Unidos, al mantener el orden interno en un país amenazante del convertirse en una segunda Cuba de más de 100 millones habitantes, reclamaba subsistir al paso de los dos sexenios del conservador Partido de Acción Nacional (PAN).

Las reformas económicas que el actual presidente Enrique Peña Nieto, de apariencia moderna con ribetes “kennedianos”, había puesto en marcha parecen castillos en el aire. Un nuevo aeropuerto para la capital, una red de ferrocarriles de alta velocidad y una oferta espectacular de explotación privada de fuentes de energía debían obrar el milagro de lanzar a México a una definitiva modernidad y progreso.

El México bronco le recordó a su presidente que no todo es tan fácil. La insistencia en la vigencia de todos los mitos nacionales no parece ser suficiente para borrar las carencias graves de uno de los pocos países de la tierra con personalidad y solidez histórica.

México, con unos 120 millones de habitantes, compite con Brasil en el liderazgo latinoamericano y con un puñado de estados repartidos por el globo en presencia internacional. Presume de una notable actividad bancaria, imán de inversiones y desarrollo de parques tecnológicos.

Sus calles y autopistas están anegadas en tráfico, sorprenden por la cantidad de automóviles de gama superior. Pero la mayoría de sus ciudadanos se ven obligados a movilizarse a pie o en atestados autobuses, para acudir a sus puestos del trabajo invirtiendo una parte escandalosa de su vida diaria en ese trasiego y recibiendo salarios de insulto.

Pese a todo, los ciudadanos de México parecen tener más optimismo que muchos otros habitantes de países en el resto del mundo y responden con signos de lealtad en fiestas patrias, bajo banderas enormes, e incluso colocadas por encima de la cruz cristiana que corona las iglesias.

Se insiste que México es eterno. Se recuerda que los olmecas, aztecas y mayas son parte consustancial de la nación. Se recubre pudorosamente el período de la administración colonial y el imperio, pero se reconoce generosamente con seriedad la contribución española tras la incorporación de su exilio por obra del presidente Lázaro Cárdenas (1934-1940).

México es una nación de la variante cívica, siguiendo el modelo de la inclusión y la decisión individual, no basada en la etnia, la sangre, la religión. México es el futuro, sin renunciar al legado del pasado.

Pero la lealtad sin fisuras se recompensa con un pago inaceptable. Recientemente el gobierno mexicano ha fijado el salario mínimo en aproximadamente cinco dólares por día. Al otro lado de la frontera, el presidente estadounidense, Barack Obama, ha anunciado el salario mínimo en 10.10 dólares, por hora.

Nada tiene de extrañar que los mexicanos voten con los pies y se refugien en el imán de Estados Unidos. Con más de 40 millones de mexicanos residiendo al norte de río Bravo o río Grande, la nación cívica es una ilusión.

Si esta nación depende del trabajo de unos maestros rurales, de base indígena, con salarios de apenas subsistencia, discriminados, desaparecidos, asesinados, la tarea de Peña Nieto y el nuevo PRI es utópica. Muchos Méxicos seguirán coexistiendo. ¿Hasta cuándo?

*Joaquín Roy es Catedrático ‘Jean Monnet’ y Director del Centro de la Unión Europea de la Universidad de Miami.
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Sábado, 10 Mayo 2014 02:48

UNA MIRADA L MUNDO

Alguien dijo una vez: “¡Qué admirable y digna de atención es nuestra situación, la de los hijos de esta Tierra! Cada uno de nosotros sólo se halla aquí para cumplir una breve visita. No sabemos con qué fin, aunque a veces creemos sentirlo. Desde el punto de vista de la vida cotidiana y sin reflexionar con más pro- fundidad, sabemos lo siguiente: estamos en la tierra para los demás...”

He decidido empezar este artículo evocando aquel adagio que reza: nadie es profeta en su tierra. ¡Cuánta verdad hay en ello! Esto me lleva a reflexionar en los compatriotas que han sabido flamear la bandera más allá de nuestro país. Como muchos de ustedes supe de la muerte del doctor Alejandro Zaffaroni por trascendidos de prensa. No conocí personalmente al doctor Zaffaroni, pero mi contacto con la Química —más precisamente durante mis tiempos de estudiante en el IPA— me dio la oportunidad de apreciar la obra de este gigante de la ciencia.

Hablar de independencia no es lo mismo que hablar de tomates, o de bananas. Desde siempre hemos escuchado esa palabra y creo que pocos son capaces de percibir el alcance de su verdadero significado.

Resulta fácil abordar las cuestiones morales con el desafecto y la sencillez que sólo conseguimos al ocultarnos detrás de cualquier aspecto atribuible a la reflexión, cuando dejamos de lado nuestra característica más humana – nuestros sentimientos – y nos encumbramos como seres racionales, capaces de interpretar la vida como nadie más en el Cosmos, capaces de darla o reprimirla, como si la esencia del Universo residiera en nuestra Razón y no en la energía que lo sustenta.

Martes, 14 Mayo 2013 00:00

Al mejor estilo de Orwell

Con bombos y platillos se anunció la llegada de Nicolás Maduro a Uruguay; de igual forma fue recibido en la sede del PIT – CNT, donde lejos de celebrarse una visita “oficial”, se enviaron señales partidarias no ideológicas que en nada contribuyen a la construcción de una sociedad consolidada.

PUNTA DEL ESTE, Uruguay, 10 oct (IPS) - Aunque admite que "no puede ser una solución a largo plazo", Washington insiste en potenciar a las Fuerzas Armadas del resto de América para afrontar "nuevas amenazas", incluyendo la inseguridad ciudadana. Pero activistas alertan que es solo otra forma de mantener la vieja supremacía.

Domingo, 26 Agosto 2012 02:59

LA INDEPENDENCIA URUGUAYA

¿La tesis independentista o el Estado Tapón?

A días de conmemorarse 187 años del nacimiento del Estado uruguayo, las dudas comienzan a germinar entre los más jóvenes de nuestra sociedad. ¿La independencia uruguaya nace como idea propia, o es el resultado del contexto político que definió la primera mitad del siglo XIX en el Río de la Plata? ¿Es posible la independencia sin autonomía económica?

Entonces, ¿qué se proclamó el 25 de agosto de 1825?

Tres leyes:

La independencia respecto de Brasil.

La unión de la Provincia Oriental a las Provincias Unidas del Río de la Plata.

La creación del pabellón de la provincia, que hoy conocemos como la bandera de los 33.

Sumado a lo anterior, cabe agregar que el período comprendido entre la Firma Preliminar de Paz y la entrada en vigencia de la primera constitución en 1830 estuvo sellado por la pugna de poder entre Lavalleja y Rivera. Rivalidades que dejaron a la Banda Oriental sumida en una especie de nebulosa política donde eran otros los que hacían los movimientos decisivos.

En tal caso, ¿cómo surge y por qué, el Uruguay independiente? Esta es la interrogante que ha revoloteado en mi cabeza desde que aprendí que la mejor forma de comprender el mundo en que vivimos, es poniendo a trabajar las neuronas y dejando de acomodar nuestra ideas a la información ya digerida que un grupúsculo social adoptó como válida. Voy a quebrar una lanza por los avances tecnológicos y admitir que el acceso universal a la información que nos ha sido proporcionado por la era digital, es en parte responsable de la transformación ideológica de los más jóvenes, ya que el simple hecho de acceder a las diferentes interpretaciones de los acontecimientos históricos, les ha valido para plantearse la duda que ha hecho estremecerse el corazón de más de un uruguayo: ¿Qué hay de cierto en la teoría del Estado Tapón?

Los historiadores, aún los más destacados, no se ponen de acuerdo. En este sentido es posible dividirlos en tres bloques: los que respaldan la tesis independentista clásica, la que la mayoría de nosotros aprendió de los textos escolares que, amparándose bajo los principios valerianos, el sistema educativo elitista que hasta hace poco gobernó la enseñanza pública se encargó de hacer llegar a nuestro hogares, los que aseguran que la mayoría de entonces habría optado, dentro de un ambiente de libertad y bajo las condiciones que en su caso hubiera puesto Artigas, por la reincorporación a las Provincias Unidas, y aquellos que, atreviéndose a sacar desde lo más profundo de nuestra historiografía lo que Methol Ferré define como “el saber de todos más intensamente reprimido”, defienden la postura unionista.

Dado lo anterior, y en virtud de lo acontecido el 25 de agosto de 1825, día que hasta el día de hoy se festeja con bombos y platillos, cualquiera podría colegir que nunca estuvo en la mente de nuestros próceres la idea de un Estado independiente, aunque la versión histórica que ha pegado con más fuerza se haya empeñado en hacernos creer lo contrario.

¿Qué es el Estado Tapón? Pues… divide y reinarás dice el refrán, es la prueba irrefutable de que los ingleses dominaban a la perfección las técnicas que han regido desde siempre a la política imperialista. ¿Cuál es la mejor forma que tiene una nación con ambiciones de poder global, para establecer su superioridad en una determinada región? Valerse de las querellas internas y regionales, como hicieron los conquistadores europeos con los nativos en América, como hacen otros en Medio Oriente, como hicieron en Paraguay, para de ese modo lograr el equilibrio en el desorden. Un continente dividido y equilibrado era requisito indispensable para perpetuar el dominio británico en el Río de la Plata. A esto, claro, debe añadirse el deseo de los orientales por reconstruir su comunidad, su disgusto por la política de Buenos Aires, los anhelos de paz, la existencia de una clase privilegiada sin convicciones y con pretensiones elitistas.

De una cosa no caben dudas, el imperio británico pretendió hacer del Uruguay una colonia disfrazada de Estado Independiente. Un estado independiente de Argentina y de Brasil, pero sumiso a los designios de Inglaterra, era lo que el imperio necesitaba para lograr el dominio de América del Sur.

Abordando otro aspecto de la cuestión, ¿es posible hablar de independencia sin autonomía económica? Dijo Bolívar años atrás que le temía más a la deuda que a los españoles, porque la deuda acabaría robándoles la libertad que tanta sangre les había costado.

No voy a explayarme demasiado en el tema, sólo diré que me sumo a lo que dijo Marcos Torres, columnista de este medio, respecto de que sin Cultura no hay Independencia, aunque me permito agregar que para que la independencia sea real, y no un sueño intangible, deben darse otras condiciones como el auténtico ejercicio de la soberanía nacional, el control de la economía y del comercio, el control de la renta, ausencia de directivas externas, como las de ciertas corporaciones financieras internacionales, pero por sobre todas las cosas… hay que forjarse una identidad, y alimentarla, conservarla, y jamás permitir que nos la roben.

Identidad es la verdadera clave de la Independencia. Quizás, sin quererlo, los ingleses, con sus ambiciones de poder, contribuyeron a reforzar el sentimiento de orientalidad que ya en aquellos tiempos quemaba el corazón de los orientales. Por eso, y por el fútbol, habría que darles las gracias y las buena noches y que se vayan y ya no regresen.

Sábado, 21 Julio 2012 20:33

Jaque, pero no Mate

"No se ha secuestrado sólo a un presidente, sino que se está secuestrando a la restauración democrática en América Latina", lo dijo Cristina Fernández tras lo acontecido en el año 2009 en Honduras, cuando Manuel Zelaya fue destituido de su cargo, golpe de Estado mediante, por las fuerzas armadas de su país.

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