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Home Salud Decídete Sobreviviendo el Huracán
Domingo, 17 Septiembre 2017 01:48

Sobreviviendo el Huracán

 
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¡Se avecina un huracán! tienes que “mantenerte informada” me dicen en el teléfono. Según ellos, es importante escuchar las noticias. Estoy por lo tanto, inundada de información. La tele se mantiene informando y yo escuchando. Mi mente, por ende, absorbiendo toda imagen televisiva. Las noticias hacen crecer en mí el temor de “no estar a salvo, de no tener lo necesario” para mi y mi familia. Mi ser experimenta sensaciones de acuerdo a lo que fija su atención.

Tengo que estar informada para saber “qué hacer y cómo actuar” me digo a mi misma.

Preparo entonces las velas y fósforos en cada habitación. Coloco baterías nuevas en mi vieja radio, sintonizando la emisora AM local de noticias. Coloco baldes con agua en cada baño y lleno la bañera de agua. Tal vez nos quedemos sin agua y entonces ¿qué podremos hacer?

Las noticias siguen su curso atemorizante minuto a minuto. Prosigo con mi inesperada tarea, tratando de contener el flujo de emociones que llegan a mi desbalanceado ser.

Me siento correr desesperada, como un pollo al que le cortaron la cabeza y todavía se niega a aceptar su situación.

Caliento agua, para el té de mañana, la deposito en los termos “De esta manera el desayuno matutino esta asegurado” me dije. Pero, ¿qué será de los restantes días, en caso que tarde en regresar todo a la normalidad? Me pregunto ansiosa.

Prosigo escuchando las noticias, dicen que habrá peligro de inundaciones y de objetos volando a gran velocidad. Corro al sótano y levanto las cosas en el suelo, desconecto todos los artefactos eléctricos. Me aseguro de que todas las ventanas de la casa estén cerradas, al igual que los cortinados; por las dudas ramas vuelen y aterricen quien sabe donde. La terrorífica película sigue creciendo en mi mente sin sosiego ¿Cómo mantener a mi familia a salvo?

Las noticias prosiguen, pasando el desorden y pesar de cada comunidad ya afectada. Presto atención pues “tengo que mantenerme informada”. Salgo a las corridas a comprar alimentos. En el supermercado, filas interminables de personas empujando sus carros llenos de alimentos “por si las dudas”, esperando para pagar por ellos. Después de dos largas horas de compras, llego a casa con lo necesario para que nuestra familia sobreviva por un cierto tiempo, en caso de quedar sin electricidad, agua o calefacción. Todo parece irreal, la gente y sus expresiones de temor, mi actitud al manejar apurada, como que algo o alguien me esta acosando.

Recuerdo que mi celular no tiene mucha batería y que el teléfono de casa funciona a electricidad. “Si la electricidad se va estaremos desconectados del mundo”, me digo con preocupación. Busco en el sótano el viejo teléfono manual y lo instalo. Llamo a todos mis seres queridos para asegurarme de que estén bien preparados e informados sobre lo que potencialmente se viene. Prosiguiendo, sin darme cuenta, la cadena de esparcimiento del virus terrorífico del temor. Me he olvidado de mí, de mí ser. Estoy reaccionando hacia el medio. El virus del pánico me ha tomado de improvisto. En ese momento, soy consciente de lo asfixiante que puede ser la vida, cuando nos olvidamos de nuestro innato poder de decisión y nos volvemos reflejos del miedo reinante en el ambiente, imaginando posibles eventos catastróficos que aún no llegaron.

Termino con los preparativos y me digo a mi misma: “¿Qué estoy haciendo con mi calma habitual? ¡Esta no soy yo, esta no es mi forma de vivir! Ya organicé todo en caso de emergencia, es hora de volver a la normalidad” me digo a mi misma. Desconecto el televisor y me dispongo a escuchar música relajante. Mis pulsaciones regresan progresivamente a su ritmo normal. Doy gracias por este instante. Leo un libro de cuentos a mis niños, para calmar la ansiedad que absorbieron de mis momentos de pánico; mi mascota se enfermó de solo estar cerca de mí y percibir mi ansiedad. Finalmente nos vamos a dormir a pesar de saber que el huracán azotara en la madrugada.

Es bueno estar preparados para lo peor, pero no nos olvidemos de siempre esperar por lo mejor.

Tenemos fe que todo estará bien. Nuestras expectativas están altas y llenas de esperanza. Creamos un mejor porvenir cuando nos detenemos a analizar nuestro accionar, cuando nos decidimos, con pura consciencia, que la vida es lo que entretenemos en nuestra mente. Seguimos, en nuestros sueños, creando un mundo mejor cuando nos vamos a dormir en paz, no con temor. La noche es nuestra conexión con el cosmos, si nos vamos a dormir ilusionados, este Universo encontrará la forma de llevarnos a ese edén. Si sucumbimos en el pánico, nos llevará a sus más profundos confines.

Hoy, hay noticias y eventos que nos asustan. Hoy también existe la opción de ver la vida con esperanza. Tenemos la opción de seguir creyendo y creando un mundo de paz en nuestras vidas y en el mundo entero. Estemos bien preparados para lo peor, pero no desesperemos; sigamos diseñando en nuestra imaginación, cómo nuestra vida ha de ser mañana, cuando inexorablemente llegue por fin la calma y salga el sol nuevamente. No demos rienda suelta a la imaginación colectiva de destrucción y desolación; tenemos opciones, mantengamos en nuestra mente a las mejores. Soñemos con un mundo mejor, un mundo de paz, armonía y amor.

Alegrías y sabiduría,
Mónica Elena

 

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