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Home Salud Decídete Navegando en alta mar
Miércoles, 12 Abril 2017 19:23

Navegando en alta mar

 
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Nuestra vida es como un bote nuevo que sale rumbo a alta mar. De jóvenes en el llevamos todo lo necesario para que la travesía sea segura y amena. Tenemos una ruta tentativamente bien planeada y soñamos disfrutar de cada minuto del trayecto. Cuando adultos imaginamos llegar a salvo y felices al puerto que nos espera con sus brazos abiertos. Ya mayores nos figuramos que veremos el faro en la costa, como señal de que casi hemos llegado al final de tan hermoso itinerario. Sabemos que la ruta que trazamos siempre tendrá sus pequeños desvíos, de acuerdo al clima en alta mar. Habrá días en los que el viento nos ha de desviar considerablemente de nuestro camino y para ello tomamos acción, haciendo uso de maniobras simples de navegación, por ejemplo: Si reprobamos un examen, nos esforzaremos y estudiaremos más para el próximo. Si nos duele la cabeza, tomamos un analgésico y un descanso reparador. Si se nos quemó la torta para el cumpleaños de esta tarde, salimos corriendo a comprar otra.

Así, navegamos por la vida, siempre maniobrando los problemitas del viaje de la mejor manera que podemos hacerlo. Muchísimas veces el clima es hermoso y disfrutamos profundamente de cada instante de armonía, salud y amor que Dios nos brinda. A veces el clima en alta mar nos da un gran susto y de golpe nos envuelve una oscura tormenta que hace peligrar nuestras vidas. Relámpagos, truenos y olas estremecedoras golpean nuestro bote sin cesar. Corremos y bajamos las velas, tratamos de usar el timón pero no responde por que la marea es muy intensa. Vemos las olas arrancar de nuestro bote los salvavidas y el bote de emergencias. Los circuitos de radio no responden. Nos damos cuenta entonces, que estamos solos, desconectados y temerosos. Nos escondemos friolentos y aterrorizados en el fondo del camarote a esperar que pare el torrencial, mientras rezamos pidiendo amparo hasta quedarnos dormidos.

A veces la vida nos tira un balde de agua helada, nos juega una mala pasada. A veces en un abrir y cerrar de ojos nuestro barca se da vueltas y nos preguntamos que pasó. Caemos en un abismo oscuro donde no vemos ventanas ni puertas, solo oscuridad e incertidumbre. Pocas personas podrán entender lo que nos pasa, pues es una experiencia que tiene que ser vivida en carne propia para que alguien pueda sentir la magnitud de la devastación en nuestros corazones. A todos nos ha pasado alguna vez. Nadie esta libre de los cambios bruscos que de vez en cuando nos da esta existencia. Sean pérdidas de salud, amor, seres queridos, trabajo, etc. Son golpes tan duros que nos sacan de nuestro centro de armonía y tranquilidad. Nuestro pulso se acelera, nuestro raciocinio está convulsionado y las lágrimas afloran sin querer a cada instante. ¿Porqué? ¿Porqué? Es la única pregunta que surge de nuestro ser en penumbras, aún mientras pedimos amparo en una plegaria.

Si tan sólo dejásemos ir nuestro apego y permitiésemos que Dios se encargue de la tormenta, ya estaríamos mejor. Si tan sólo siguiésemos soñando con el puerto al que deseábamos llegar, las olas sin esfuerzo nos llevarían hacia él. Si tan sólo confiásemos que hay una ruta aún mejor a la que hemos trazado y que nos brindará aún más bendiciones de las que hemos imaginado, dejaríamos de temblar. Si tan sólo nos diéramos cuenta que aun que perdimos el bote de reserva, los salvavidas y la radio, hay una salida. No estará a nuestra vista en este momento pero sí existe, si tan sólo tenemos FE que llegará.

El dormir apacigua la mente inquieta y temerosa, al igual que estar en calma admirando y agradeciendo lo poco que quedo de nuestro bote. Es en estos momentos en los que nuestro ser puede conectar con Dios y él nos puede escuchar claramente. Dios es el encargado de encontrar la salida más suave y adecuada para todas nuestras tormentas físicas, mentales o existenciales. Para él, arreglar todo es súper fácil por que todo está a su disposición, incluida su inteligencia infinita. Si nos mantenemos en calma, Dios lo hará todo a su forma, a su tiempo y para el bien de todos.

Serenidad, descanso y fe en algo que todavía no existe pero se esta gestando, han de ser nuestros mejores salvavidas. Las tormentas, vientos y bellos días, siempre existirán en nuestras vidas. Es cómo reaccionamos ante la adversidad lo que hace la diferencia. Nuestra actitud de fe es lo que nos ayudará a volver a nuestra travesía ideal… de una vida plena de cielo azul y mar sereno. Mantén la Fe.

Con amor y luz
Mónica Elena
© 2017 por  www.monicaelena.com

 

 

 

 

 

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