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Home Reflexión Niñas y Mujeres
Lunes, 22 Diciembre 2014 21:32

Niñas y Mujeres

  Por Daniel Panedas
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Hace un tiempo, en una cena entre amigos, un profesional europeo con buena educación planteó su punto en torno a que las mujeres eran muy desfavorecidas por el hecho de tener que soportar los embarazos, los períodos de lactancia y todas aquellas consecuencias físicas derivadas de la maternidad. Inmediatamente fue destrozada su opinión por algunas de las damas presentes, con el sólido argumento de que no hay nada comparable a crear una nueva persona en su interior, a ser portadoras del milagro de la vida.

Mi reflexión en este caso es que, en verdad, las mujeres se encuentran, en general, en una situación muy precaria, pero lejos de ser un tema físico, es uno social; allí sí están desfavorecidas y, en muchos casos, desprotegidas.

El 11 de octubre se celebra el Día Internacional de la Niña y, este año, me tomé el trabajo de investigar un poco más en profundidad la terrible realidad que se vive en muchos lugares. En el mundo, y principalmente en Asia, más de diez millones de niñas menores de edad son obligadas a casarse con hombres mayores por acuerdos familiares cada año, es decir, unas 1200 cada hora, algo así como una cada tres segundos. Las muertes provocadas por complicaciones en el embarazo o el parto en adolescentes suman cincuenta mil al año, casi una chica se muere por esa causa cada diez minutos. Existen 140 millones de mujeres que han sufrido la mutilación genital, una aberrante tradición muy extendida en África. Esta práctica alcanza a dos millones de niñas cada año, y es como un rito de iniciación a la edad adulta que busca eliminar el placer sexual con una pérdida total de la sensibilidad, lo que, además del consecuente trauma psicológico, las deja solamente «utilizables» para tareas reproductivas y servicios sexuales, ya sea para su marido o su comunidad. En algunas zonas de ese continente, una niña al nacer tiene más probabilidades de ser violada o sufrir algún tipo de agresión sexual que de aprender a leer y escribir. Recién el mundo está comprendiendo el alcance de esta situación y se ha instituido el 6 de febrero como el Día Internacional de Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina.

En lugares más «civilizados», la discriminación, el maltrato y poco acceso a la educación siguen siendo comunes, y las experiencias que viven las niñas las hacen aceptar su destino como normal, sin poder entender que su situación no tiene nada de normal. El machismo es una de las peores lacras enraizadas en nuestra sociedad global, que se hace más dramático cuando los usos y costumbres superan la capacidad de entender la real dimensión del problema.

En Guatemala se calculan alrededor de quince mil embarazos por mes en menores de edad, más de quinientos casos por día, de los cuales el uno por ciento corresponde a menores de catorce años. Es imposible establecer cuántos son producto de violaciones, especialmente del entorno familiar, y menos aún cuántas son las violaciones que ocurren sin resultado de embarazo.

La violencia sexual y, una violación en particular, es algo tan perverso que no dudaría en establecer la Ley del Talión para estos agresores, como de hecho se practica en muchas cárceles, donde una población, aparentemente con pocos valores, ejerce un código de conducta estricto al otorgar una merecida reciprocidad a este tipo de individuos.

Pero sin llegar a estos extremos, la violencia doméstica, física o psicológica, es una práctica muy extendida en el mundo, y también en nuestro país. ¿Cuál será el proceso que lleva que un hombre pueda golpear a una mujer, probablemente su esposa o compañera, sin sentirse un cobarde y una escoria? Realmente hay casos patéticos y no son tan lejanos, y he descubierto que hay veces que «de eso no se habla». Un golpeador debería ser excluido de todos sus ámbitos y linchado socialmente. Precisamente este mes también se celebra el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.

Finalmente, un pequeño párrafo para dos grandes mujeres y amigas que están atravesando por el difícil camino del cáncer de seno, y que lo hacen con una enorme entereza y unas notables ganas de vivir. Carol y Carmen, ustedes son un ejemplo y cuentan con el apoyo de muchísima gente en esta lucha, de la cual, sin dudas, saldrán vencedoras y fortalecidas porque, a veces, la vida también es justa.

Nacer niña es casi una condena en las clases más bajas de muchos países, incluido el nuestro. El acceso a la educación básica sería un buen paso, sin embargo, es indispensable que se les enseñe educación sexual y reproductiva, y que conozcan sus derechos. Para los hombres, también educación, y para los que no entiendan, endurecer las leyes y aplicarlas por la vía que sea, porque no son estadísticas, son cuerpos de niñas que se quedan sin alma.

www.danielpanedas.com

 

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