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Home Reflexión El Oso en su Cueva
Viernes, 21 Junio 2013 02:48

El Oso en su Cueva

  Marcos Torres Andrada
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El 19 de junio de este año 2013, se cumple el Centenario del Nacimiento de mi padre, Augusto Torres-Piña y este breve artículo es una celebración de su vida, un reconocimiento a sus contribuciones y un tributo a su memoria.

Familia y amigos, jocosamente y cariñosamente, le decíamos, que él era como “el oso en su cueva”, imagen que él, por cierto, cultivaba con gusto, por la valoración que le daba a este animal sagrado y la afinidad que él sentía con la personalidad del mismo.

Augusto era introvertido, pero muy observador y perseverante, como se hace evidente al estudiar su obra de modo retrospectivo, pues ahí es dónde se ve cómo trabaja a lo largo de las décadas, sobre las posibles soluciones a los mismos problemas estéticos.

Mi padre era muy disciplinado y metódico, haciendo del equilibrio y la moderación, una constante en su cotidianeidad, pero, a su vez, no le imponía nada a nadie y tampoco nos exigía que siguiéramos su ejemplo.

Cierta vez, al ver yo como él a diario barría y ordenaba su taller, para organizar todo antes de empezar con su trabajo, le pregunté por qué lo hacía, ya que sistemáticamente dejaba todo impecable al terminar la jornada anterior. Él me respondió que el inicio y el cierre de una jornada son vitales para la efectividad del trabajo sobre el tema central de la misma, dándome en los días subsiguientes, explicaciones más detalladas al respecto.

En su trato personal, Augusto era muy humilde y por principio, evitaba ser hiriente, maldiciente o conflictivo, razón por la cual, no polemizaba ni casi discutía y cuando lo hacía, era un modelo de civilidad. A su vez, cuando transmitía algo -por ejemplo- cuando le pedían que corrigiese un cuadro, lo hacía en términos muy simples, haciendo sugerencias sobre todo, de cómo optimizar elementos concretos y evitando las largas explicaciones, razón por la cual, para obtener su exposición completa sobre un tema, era necesario perseverar, a veces años, en una misma línea de diálogo.

La presencia de Augusto producía un tono general de estabilidad, calma y discernimiento; su misma tranquilidad evidenciaba que sopesaba las cosas en profundidad, pero que una vez que las decidía, procedía como el oso, con tremenda determinación.

Su obra expresa fielmente esos rasgos de su carácter.

Es importante señalar que biográficamente, él decidió muy conscientemente, concentrarse en el cultivo de su arte y evitar las distracciones que le producirían la promoción del mismo, razón por la cual, su gran contribución en obras de arte, es muy poco conocida.

Las contribuciones de Augusto, además de su obra, son tan impresionantes como lo fue su interés en ocultarlas.

Mi padre fue co-fundador del ya mítico Taller Torres-García y junto con su hermana Ifigenia, fueron la mano derecha e izquierda, en estas tareas, de su célebre padre y ambos hicieron, como sus hermanos Horacio y Olimpia, un estilo de vida de la ocultación de sus méritos e incesante actividad para la manifestación de la propuesta constructivista.

En los hechos, el Maestro Joaquín Torres-García exponía la Doctrina Constructivista, explicaba los grandes temas de la cultura y el arte- concentrándose específicamente en la pintura- amén de orientar a sus discípulos en cómo vivir su profesión de Fe en el Arte, en tanto que Augusto lo asistía en la enseñanza de los “detalles” de cómo cultivar el oficio de artista, y en lo cual fue asistido por su hermano Horacio, y con posterioridad, por otros discípulos, en la medida y al tiempo que se iban capacitando para ello.

Por tanto, correcto es decir, que todos los miembros del Taller Torres-García, incluidos sus propios hermanos, recibieron también, directa e indirectamente la enseñanza de Augusto, a quien jamás lo ví hacérselo sentir a nadie.

La influencia que Augusto tuvo sobre su padre, fue muy sutil, profunda y extensa, lo cual fue reconocido por el propio Torres-García, quien estaba muy contento de poder aprender de sus propios hijos.

El área temática, en lo cual, tal vez, esto sea más patente y tenga mayor trascendencia, es en el estudio de las culturas de las Naciones Originales del Sacro Continente (Américas) y de las del Continente Madre (África), ya que su padre se había concentrado en el legado del Horizonte Mediterráneo, desde lo arcaico y la remota antigüedad hasta sus contemporáneos.

La obra de Joaquín Torres-García, marca un antes y un después en este y en muchos otros temas, marcado por su residencia en Paris.

El interés de Augusto en las culturas ajenas a los referentes euro-céntricos, está atestiguado por su colección de obras de arte de estas culturas y por su meticuloso estudio de las mismas, al punto de copiar sus artefactos con tal éxito, que es difícil, para quienes sean ajenos al tema, diferenciarlas de los originales.

La consideración de su colección etnográfica y arqueológica, es un tema de la mayor importancia para comprender el desarrollo de estos estudios en Uruguay, donde la mayoría de estas colecciones e iniciativas, están directa o indirectamente asociadas al Taller Torres-García.

El mérito de arte de estas culturas, constantemente puesto en evidencia en la cotidianeidad por las actividades de Augusto, primeramente por su trabajo como dibujante en el Musee de L’Homme, en Paris, y luego, entre otras, por su perseverancia en curtir los cueros que emplearía para reproducir artefactos de los naturales de Norte América, mediante sus propias técnicas, estimularon al propio Torres-García, al punto de motivarlo a construir conjuntos metodológicos dedicados a abordar y trabajar con legados ajenos al Horizonte Mediterráneo.

Otra gran contribución de Augusto es la resultante de su voluntad de profundizar en temas que su padre esbozó, y que incluyen trabajos etnográficos, estudios interculturales, religiones comparadas y metafísica, así como la enseñanza y apoyo que dio para continuar con las labores de nuestra tradición.

Es importante señalar que la obra de Augusto, así como el propio desarrollo del Movimiento Constructivista Uruguayo son, para quienes conocemos el tema “desde adentro”, impensables sin una consideración profunda de las interacciones del grupo familiar –a través de varias generaciones- en tanto que matriz de presencia, participación y transmisión.

Es complejo hacer un tributo a la memoria de un hombre, cuando la relevancia de su vida y contribuciones son apenas conocidas y mucho menos, comprendidas, razón por la cual, he decido constituir un instituto al que he incorporado con el nombre de Augusta Asociación Constructivista, con el propósito de construir un espacio, en el cual, su obra, junto a la de mi madre y a la de otras personas significativas, puedan ser elementos para la continuidad de la Escuela de la cual él, es uno de los pilares.

Leído 1336 veces Modificado por última vez en Viernes, 21 Junio 2013 02:53

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