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Home Reflexión Ahogando mis penas
Sábado, 25 Agosto 2012 22:40

Ahogando mis penas

 
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Vino y Cigarrillo Vino y Cigarrillo

Por fin comenzó la temporada de verano. Estoy manejando el auto que papá me compró para que pueda movilizarme desde la casa, que comparto con otras chicas, hasta la universidad donde tomo clases. Hoy me dirijo a casa de mis padres.

Me esperan muchas horas de viaje, muchas horas al vicio. Por suerte tengo un cigarrillo “especial” y vino para apaciguar el aburrimiento del camino. Me gusta manejar, me siento libre. Trato de no pasarme de la velocidad máxima. Me siento una mujer madura cuando estoy al volante. Tengo todo bajo control.

Llegué y en tiempo record! Pasaré un mes en familia, para luego comenzar mi último año. En las clases que he tomado hasta el momento, me han asegurado que no será fácil el conseguir trabajo una vez que me reciba. Los profesores dicen que los profesionales están a la deriva, que la economía está en decadencia y que en otras palabras, terminaremos trabajando de gratis. El futuro no luce como me lo pintaron tiempo atrás. Por suerte aun me queda un año entero sin preocupaciones económicas, ya que mis viejos me pagan todo, incluida una mensualidad para gastos de ropa y comida y que yo, como la gran mayoría de mis amigas, prefiero gastarlo en vino, marihuana y algo de comida chatarra. Todos mis amigos hacen lo mismo, así que no creo que sea algo inusual.

Por suerte aquí en casa de los papis, el vino es cosa de todos los días. Ellos ni cuenta se dan cuando me quedo despierta, noche a noche, hasta la madrugada; tomando tres, cuatro o más botellas de vino reserva. Mis padres están tan ocupados con sus propios lamentos que no tienen tiempo, ni interés, en saber de mi vida. En saber el porqué me mantengo ahogando mis penas en el vino.

A veces pienso que sería bueno hablar con alguien que me entienda y no me critique. Poder largar todo lo que tengo dentro de mí. Aunque, a menudo, ni yo quiero saber lo que llevo dentro. El mundo en el que vivo parece estar a la deriva, igual que mí ser. No siento que tenga algo bueno en mi, ni porqué vivir, ni porvenir. Eso significa que podría ser “por siempre” dependiente de mis viejos. Si esto pasara ellos estarían muy desilusionados de mí. Pienso que no sirvo para nada. Como me dice mi viejo: -“Sos una chica muy extraña”. Me gusta ser extraña, por lo menos no soy común. Aunque común signifique que tenga una profesión adecuada a la sociedad de este momento y sea inteligente como mis hermanos, quienes son muy exitosos.

Ya se fueron a dormir todos. Mi mente no tiene descanso, prefiere entretener mis sentidos con la tele y sus cosas tontas. Me siento identificada, me siento acompañada. Fumando, tomando, mirando programas que muestran a los hombres actuando estúpidamente, se me pasan las horas, hasta que mi cuerpo me implora reposo. Entonces, subo gateando las escaleras hasta mi cuarto, total… nadie ve el daño que me ocasioné. Dormiré hasta eso de las cuatro o cinco de la tarde, total a nadie le importa, mucho menos a mí. En casa todos piensan que “la nena” se merece su descanso después de tanto estudiar todo el año.

Que ganas de gritar y de que alguien me escuche y me socorra. Si alguien tomase su tiempo para preguntarme ¿Cómo estas? ¿En qué te puedo ayudar? Tal vez le diría que estoy bien y que no necesito ayuda de nadie, como lo hago de costumbre. O tal vez, por primera vez, abriría mi corazón y expresaría lo mal que me siento; lo inadecuada y fea que a mis ojos me veo. Parezco no ser parte de esta familia tan perfecta. También le hablaría de lo aburrida que es mi vida sentimental y de lo que se aseguraron en la universidad que aprendiese: -Aprendan todas las técnicas que existen, trabajen arduamente creando sus propias creaciones pero recuerden que…no existe un futuro provechoso para Ustedes.

Por todo esto es que me ahogo en el vino y demás. No se cómo mejorar mi propia vida. No se cómo cambiar mi foco de atención de lo que me falta a lo que tengo y me hace sentirme bien. Mis viejos me dan todo lo necesario económicamente. Si tan solo me dieran un empujón para arriba y no, como de costumbre, para abajo. Si tan solo encontrase en mí la fortaleza que no veo en los mayores. La esperanza de una vida mejor que muchos ya dejaron a un lado.

¿Por qué algo tan esencial como tomar el control de nuestras vidas y aprender a ser felices, no es todavía parte de la educación de nuestra juventud? Pienso que una clase debería ser obligatoria en cada campo universitario: “Como diseñar mi vida” sin tener que ser igual o repetir los errores de nuestros progenitores. Entonces no tendrían que preocuparse tanto por las alarmantes estadísticas de chicos alcohólicos o drogadictos. En esas clases aprenderíamos a manejar nuestras emociones y pensamientos, sin necesidad de ahogarnos en estupefacientes o alcohol.

Dicen que este universo siempre nos habla, brindándonos las respuestas más adecuadas; dicen que es solo cuestión de aprender a estar atentos para asimilar los mensajes. Hoy por primera vez en mi vida me sentí atenta a una respuesta y solución para mi vida. Prendí la tele y el mensaje del comercial decía: Si deseas algo, comienza a darlo a los demás y te será otorgado.

Por eso hoy finalmente siento que tengo un propósito de vida, el de ayudar a mis amigos a tener fe y esperanza en una vida mejor. A salir de la dependencia del alcohol y otras cosas negativas. Además, creo que ayudando a los demás me estaré ayudando a mi misma. Juntos aprenderemos a diseñar una vida más productiva. Podremos lograr la implementación de clases que nos llenen de optimismo y determinación. Juntos, pronto renaceremos a una nueva y provechosa vida. Juntos somos poderosos.

Alegrías y sabiduría para ti,

Mónica Elena
Leído 1805 veces Modificado por última vez en Miércoles, 29 Agosto 2012 19:51
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