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JUNIO 2009
POBREZA-BRASIL
PACIFICACIÓN CON GUSTO A CONTROL SOCIAL
Por Fabiana Frayssinet (IPS)

Favela Santa Marta,
Río de Janeiro, colgada en los cerros de la ciudad
carioca, como para que se vea bien.
La policía
que antes entraba disparando en Santa Marta, uno de los
populosos barrios pobres de esta ciudad brasileña, ahora
aparece integrada a la comunidad. Es el resultado de un plan
gubernamental calificado "de pacificación permanente", que,
sin embargo, no deja de levantar fuertes críticas.
Por la fuerza de la costumbre, muchos
de los habitantes de esta "favela", como se les llama en
Brasil a los asentamientos irregulares colgados de los
cerros, no se atreven a hablar abiertamente de los policías
que ocupan su comunidad desde hace seis meses en el marco de
un plan del gobierno del estado de Río de Janeiro.
Desconfían que, como ocurrió con tantas otras experiencias
frustradas del pasado, la policía se vaya, vuelvan los
traficantes "y tengan que arreglar cuentas con ellos porque
establecieron una buena relación" con esa fuerza, explica la
socióloga Silvia Ramos, coordinadora del Centro de Estudios
de Seguridad y Ciudadanía (CESC).
También temen al propio uniforme
policial, simbólicamente vinculado en estos barrios a un
papel represivo y de abuso de poder. Pero, sin grabadores ni
cámaras de por medio, algunos se atreven a expresar lo que
Ramos observa en más de 70 por ciento de los casos y es que
los vecinos están más tranquilos desde que la Unidad de
Policía Pacificadora (UPP) se instaló en el "morro" (cerro).
En Santa Marta, al igual que en las más
de 750 favelas cariocas donde viven casi 1,5 millones de
personas, tranquilidad es sinónimo de que no hay disparos.
Una ecuación tan simple como la derivada de la ausencia del
narcotráfico y, con ello, de los enfrentamientos con la
policía o entre las mismas mafias.
Los pobladores de los asentamientos,
mayoritariamente trabajadores y trabajadoras, estudiantes,
desocupados y retirados, suelen quedar en medio del fuego
cruzado, amenaza que ahora, al menos los vecinos de Santa
Marta, no extrañan. Así como
tampoco extrañan la habitual brutalidad policial del pasado.
"Está más tranquilo… ahora los niños juegan en la calle sin
aquel peligro de los enfrentamientos con la policía", dijo a
IPS Antonio Guedes, consejero de la Asociación de Residentes
de Santa Marta, un barrio de unos 10.000 habitantes.
La puesta en marcha de las UPP comenzó
en el cerro Santa Marta, enclavado en pleno barrio de clase
media de Río de Janeiro, y después se extendió hacia el
oeste de la urbe, a Batán y también a Cidade de Deus (Ciudad
de Dios), que el director Fernando Meirelles hiciera famosa
con su película de igual nombre. "Lo más importante, debido
al historial traumático de la relación entre la fuerza de
seguridad y la favela, es que esta vez la experiencia no se
basa en el talento o sensibilidad de algunos efectivos sino
que es parte de una política del gobierno de reclutar
policías y entrenarlos especialmente para este tipo de
guardia comunitario", destacó Ramos.
Pero la discusión sobre el programa
resurgió esta semana con la ocupación "permanente" de dos
nuevas favelas, Chapeau Mangueira y Morro de Babilonia,
ambas en Leme, el barrio contiguo al turístico y costero de
Copacabana. El proceso comienza
con el ingreso de batallones de elite de la Policía Militar,
para reprimir el narcotráfico. En las dos favelas de Leme,
por ejemplo, toda la semana sobrevolaron helicópteros para
buscar narcotraficantes fugitivos, mientras que tropas
terrestres rastrearon las zonas ocultas en medio de la
floresta, para encontrar drogas u armas escondidas. Una vez
expulsadas las mafias, la UPP se instala en forma permanente
y, paralelamente, comienzan a implementarse inversiones
sociales en áreas como salud, educación, deporte, y
generación de ingresos para sus habitantes.
Un modelo que Ramos define como "policía
comunitaria", es decir que "crea vínculos de confianza" en
un "contexto preventivo del crimen", explica la
investigadora del CESC y vinculado a la Universidad Cándido
Méndes. Como especialista en seguridad, y fuerte crítica de
la represión policial, Ramos considera que esta sería "la
primera experiencia en Río de Janeiro" que, a diferencia de
otras, integra y realmente deja de forma permanente a las
fuerzas de seguridad en "un área geográfica determinada" que
sus habitantes reconocen. ' Entre otros puntos positivos, la
especialista destaca el número de efectivos, 124 en el caso
de Santa Marta, que entiende será suficiente para enfrentar
cualquier tipo de problema y para "disuadir" toda acción
armada. Asimismo, celebra el hecho que los policías
especialmente entrenados para esta tarea terminan siendo "mediadores"
y receptores de quejas sobre el comportamiento de la propia
institución encargada de la seguridad ciudadana. Pero sin
lugar a dudas que entre los avances más notables en la
históricamente desprestigiada Policía Militar brasileña está
el hecho de que la ocupación de Santa Marta no generó
denuncias sobre violencia o extorsión policial.
El programa de pacificación de Santa
Marta, es el niño mimado del gobernador Sergio Cabral, del
Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), aliado
del gobierno nacional del izquierdista Luiz Inácio Lula da
Silva. Cabral asegura que redujo
a cero la actividad del narcotráfico en esa favela, al
tiempo que subraya la importancia del componente social del
plan. "Lo más importante de esta policía pacificadora que
tenemos hoy en las comunidades es que la población, que
había aprendido a convivir con criminales, ahora convive con
la presencia del Estado", dice el gobernador.
Pero es precisamente esa situación la
que muchos consideran uno de los puntos débiles. Para Ramos,
la acción social es "muy tímida", así como lenta la
implementación de las obras.
Guedes da el ejemplo de la televisión prometida. Cuando el
gobierno entró en Santa Marta fueron eliminadas todas las
conexiones irregulares a la televisión por cable para
abonados y "hasta el momento no tenemos televisión porque
aquí (por la accidentada geografía) la imagen de los canales
de aire no es buena".
Ramos, por
su parte, se refiere a la controvertida medida de prohibir
bailes populares como el "funk", que la policía vincula al
narcotráfico, sin que se ofrezcan otras opciones de
entretenimiento a los jóvenes. "Lo ideal sería que la
policía entre, retire los grupos armados ilegales que
dominan el área, implementen la brigada comunitaria e,
inmediatamente, se ponga en marcha un paquete de programas
sociales", opinó. El rapero Fiel,
nombre artístico de Emerson dos Santos, lo sabe por
experiencia, dado que también fueron prohibidos sus
conciertos, aunque como aclara "no tiene ninguna vinculación
con el tráfico" de drogas. "Todas las comunidades de Brasil
tienen sus peculiaridades, algunas escuchan "funk", otras "pagode",
"hip hop" u otro tipo de géneros, y la policía no tiene nada
que ver con los gustos musicales, pues deben remitirse a
reprimir el crimen y no meterse con la cultura de las
personas", lamenta Fiel en diálogo con IPS.
Este músico de 29 años cuestiona, entre
otras cosas de la ocupación policial, la manera como se
estereotipa a los habitantes de las favelas.
"Si ven alguien con pantalón ancho y
pelo largo atado para atrás lo detienen, pero si viste traje
y corbata no lo hacen", ilustra este joven que participa del
proyecto de cine comunitario de Santa Marta titulado "Favela
Visao". Aclara que, aunque hay
policías "supereducados", otros "tienen una resistencia a
aproximarse" a los habitantes de la favela porque, o nunca
trabajaron en comunidades o porque "nos ven como cómplices
del trafico". "La clandestinidad
–el narcotráfico-- es una cosa y los habitantes de las
favelas, que son en 99 por ciento de los casos trabajadores
y honestos, son otra cosa, aclara Fiel.
Los líderes de los nuevos asentamientos
también tienen resquemores. El vicepresidente de la
Asociación de Habitantes del "Morro de Babilonia, Carlos
Antonio Pereira, reclama que nadie los buscó para discutir
proyectos. "Queremos el brazo
social estirado dentro de la comunidad. Poner sólo policías
no va a resolver", señaló.
Marcelo Freixó, diputado provincial del opositor Partido
Socialismo y Libertad (PSOL), admite no obstante algún "avance"
en el programa. "Evidentemente es mejor que la policía entre
a una comunidad con el objetivo de aproximarse a sus
habitantes que matando", opinó.
El presidente de la Comisión de Derechos Humanos de la
Asamblea Legislativa de Río de Janeiro, Pero Freixó,
cuestiona que la iniciativa no sea parte de una política
general de gobierno en todas las favelas cariocas.
Freixó recordó ante IPS las cifras que
indican que la policía carioca es "la que más mata y muere
en el mundo". En lo que las estadísticas oficiales califican
como "muerte de autorresistencia", tres personas mueren por
día en enfrentamientos policiales en Río de Janeiro.
"Que la policía se aproxime al morro es
un concepto diferente al de guerra, pero no significa que
exista otra política de seguridad del Estado", aclara el
diputado. "Tenemos que tener un
proyecto de ocupación del Estado para esos lugares... no
volver a cometer ese error histórico de que la favela es
cosa de la policía", sostuvo al considerar que sin una
fuerte presencia social el plan de policía comunitario será
una nueva "forma de control" y no de "construcción de
libertad". Ramos, a su vez, se
refiere a lo que llama "un problema estructural". "Siempre
habrá algo equivocado mientras que la principal presencia
del Estado en una favela sea un policía", critica al
reclamar la falta de otros interlocutores del gobierno
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