FEBRERO 2010  
 
HAITI

HAITI EN EL CENTRO DEL DEBATE

SOBRE LA AYUDA

Una posición argumenta que una organización internacional debería tomar temporalmente el mando en Haití, para gobernar y supervisar su reconstrucción. En el otro extremo, los minimalistas creen fervientemente que los años de fallidos proyectos de ayuda impuestos desde fuera subrayan que esta vez los haitianos necesitan desarrollar e implementar sus propios planes. Y en medio están quienes argumentan a favor de un organismo conjunto haitiano e internacional para administrar una especie de plan Marshall. No obstante, tal es la escala de las exigencias cotidianas hoy, que hasta los esfuerzos de reconstrucción a mediano plazo parecen distantes. Jeffrey Sachs, un economista de la Universidad de Columbia, propuso que la gran cantidad de ayuda incluya al menos un barco lleno de fertilizante para echar a andar la temporada de siembra en marzo. El país necesita desesperadamente cultivar más alimentos y alentar a cultivar a quienes huyen de la capital devastada. Sin embargo, no hubo interesados inmediatos en la flotilla de ayuda oficial, así que Sachs se quedó cabildeando con las embarcaciones privadas. En efecto, el esfuerzo internacional de ayuda no está cumpliendo con los primeros objetivos declarados por Ban Ki-moon, el secretario general de Naciones Unidas. Ban dijo repetidamente que para finales de la semana pasada, el Programa Mundial de Alimentos y organismos relaciones habrían entregado alimentos a un millón de haitianos; sólo la mitad de los dos millones que según dijo necesitaban ayuda. "Ha sido más lento de lo que nadie esperaba o suponía", comentó John Holmes, el coordinador de ayuda humanitaria de la ONU. Ban también promovió un programa de dinero por trabajo para ayudar en la estabilización, con empleos de limpieza de escombros entre cuatro y cinco dólares el día. La solicitud urgente de la Organización de 575 millones de dólares para Haití incluye 41 millones de dólares para ese programa, pero el pasado 29 de enero, el programa de empleo sólo tenía donativos por 4.3 millones de dólares y había empleado a más de 12,000 haitianos de los 200,000 contemplados, indicó el Programa de Desarrollo de Naciones Unidas. Se supone que la ONU debería destacar como encargada durante desastres internacionales, pero la reconstrucción de Haití podría poner a prueba sus límites. Ban había designado a Bill Clinton como enviado especial a Haití meses antes del terremoto, y el ex presidente estadounidense logró atraer inversionistas extranjeras con su mantra "pasé mi luna de miel en Haití y ustedes también deberían hacerlo". El país había proyectado su primer crecimiento económico en mucho tiempo en 4% para este año. Sin embargo, aún había obstáculos, no menor la carencia de cosas básicas, como suministro confiable de electricidad y agua. Se recaudaron 402 millones de dólares en promesas en una conferencia de donantes en abril pasado, pero sólo se hicieron pagos por 61 millones de dólares, según Naciones Unidas. Se espera que Ban anuncie cualquier día que Clinton tendrá un papel mayor en la coordinación de los esfuerzos de la Organización para resucitar a Haití. Es más, la notoriedad del ex Presidente ha alimentado sugerencias de que se convertiría en el zar de la reconstrucción haitiana. Aun antes del terremoto, Clinton había estado desviando críticas de que se estaba convirtiendo en un procónsul colonial, y en rueda de prensa recientemente enfatizó el papel para los haitianos al decir: "Al final, es su país y su futuro". También comparó el potencial de cambio en Haití con el de Lower Ninth Ward en Nueva Orleáns, donde la destrucción causada por el huracán Katrina se convirtió en un catalizador para mejorar la construcción de casas ambientalmente fuertes. Sin embargo, los 400 millones de dólares que EU ya gastó, y se espera significativamente más, ha generado llamados a un mayor papel supervisor externo. "¿Es demasiado absurdo sugerir que se hable sobre al menos algún tipo de sindicatura temporal?", preguntó el senador demócrata por Connecticut Christopher J. Dodd durante las audiencias del 28 de enero  del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, y señaló que Haití corre el riesgo de retornar a su viejo patrón de unas cuantas familias codiciosas que manejan al país. El senador republicano por Tennessee Bob Corker apoyó esa idea y agregó: "Creo que va a ser necesario algo mucho más draconiano que sólo estemos trabajando tras bambalinas para impulsar reformas y ese tipo de cosas".

Los tres testigos en la audiencia objetaron señalando que EU tiene antecedentes ambiguos en esfuerzos de reconstrucción, como la de las plantas eléctricas en Irak. Uno de ellos, el doctor Paul Farmer, enviado adjunto de la ONU y fundador de Socios en la Salud, que ha estado trabajando en Haití durante más de 20 años, dijo que la larga historia de Washington en el derrocamiento o bloqueo de Gobiernos haitianos ayudó a crear al actual disfuncional. Un funcionario de Naciones Unidas más franco ridiculizó la idea de un "plan mundial al estilo Batman" para abatirse sobre Haití y rescatar su futuro, particularmente porque es probable que el mundo pierda interés en un proyecto que bien podría llevarse una década. Algunos sugieren que el modelo de reconstrucción podría ser Aceh, Indonesia, donde tras el tsunami de 2004, un fondo de múltiples donadores desembolsó unos 700 millones de dólares, en su mayor parte para proyectos locales, con representantes de Indonesia, el Banco Mundial y la Unión Europea, el mayor donador, con un voto de supervisión cada uno. El problema con el modelo para Haití, notó David Harland, un funcionario senior para América Latina de la ONU, es que el fondo Aceh fue una pieza menor para un Gobierno indonesio acaudalado. En el empobrecido Haití, un acaudalado organismo de desarrollo bien podría suplantar al Gobierno que apenas se está poniendo en pie económicamente. "Es raro, complicado, pero tenían una fórmula que los hacía avanzar", dijo Harland. "Si la remplazas con una deslumbrante maquinaria de reloj suizo, no creo que suceda". Indicó que aunque se tambalean por el terremoto, los haitianos ya habían logrado restablecer la red de telefonía celular, que siguieran llegando las remesas de los familiares en el extranjero, y llevar productos perecederos del campo a la capital, todo lo que ayuda a que el país funcione por cuenta propia. Con proyectos de ayuda planeados se había anticipado que los trabajos fabriles cosiendo ropa aumentarían a 150,000 de 24,000, debido a un acuerdo por el que se les da acceso al mercado estadounidense por 10 años sin pago de aranceles. Expertos creen que se debería hacer avanzar esos planes, junto con nuevos para la construcción que daría trabajo a decenas de miles de personas. Muchos dijeron que la creación de empleos es mucho más importante que la ayuda directa, ya que ésta podría fomentar dependencia. El debate sobre si la ayuda estimula al desarrollo ha sido enconado por años, y William Easterly de la Universidad de Nueva York está entre quienes argumentan a favor de un enfoque minimalista para la reconstrucción con dinero desembolsado por los Gobiernos locales sin recursos. "Creo que toda la idea de que el terremoto sea una oportunidad para que extranjeros tengan intervenciones más agresivas es realmente problemática y objetable", explicó en una entrevista, y argumentó por modestos planes nacionales. "Ya hemos tratado básicamente todo lo que hay en Haití en cuanto a planes grandiosos, y no han funcionado". Los propios haitianos tienen emociones entremezcladas. Tambaleantes por la destrucción, quieren la ayuda externa pero siguen cautelosos por su pasado. Sin embargo, el problema central que les preocupa es cómo su propio Gobierno, que no ha podido para nada proporcionar servicios por décadas, pueda lograr la capacidad, el conocimiento, la voluntad y la credibilidad necesarios para semejante tarea tan compleja, expresó John Miller Beauvoir, un haitiano de 28 años. Beauvoir fundó una organización para que jóvenes como él participaran más en asuntos cívicos. Piensa que las organizaciones no gubernamentales de Haití y los haitianos exitosos que viven fuera deberían tener voz jurídica para la asignación del dinero. "Si no tienes un organismo general creíble no va a suceder", explicó. "La politiquería terminará controlando los recursos en los hechos. Creo que deberíamos enterrar al status quo bajo los escombros".

 

 



 

 
 
 
 

 

 
 
 
 
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