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Home Deportes Los cien años de un mito: Obdulio Varela
Jueves, 19 Octubre 2017 20:46

Los cien años de un mito: Obdulio Varela Destacado

  Por Eduardo Rivero
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Fue inaugurada en Tres Cruces la escultura de Obdulio Varela, en homenaje a los 100 años de su nacimiento.  En la foto vemos la Sra. Marta Varela (hija de O. Varela). Fue inaugurada en Tres Cruces la escultura de Obdulio Varela, en homenaje a los 100 años de su nacimiento. En la foto vemos la Sra. Marta Varela (hija de O. Varela).

Hubo un tiempo, muy lejano, en un pequeño país sudamericano llamado Uruguay, en que los jugadores de fútbol no escribían en las redes sociales, no jugaban al play station en la concentración previa a los partidos ni usaban secadores de pelo en los vestuarios.

Un tiempo en que los jugadores raramente lograban un pase al exterior, no se hacían ricos, no manejaban un Ferrari ni vestían trajes de Valentino.

En esa era largamente ida, muchísimos jugadores fueron superiores técnicamente a Obdulio Jacinto Varela, pero ninguno tiene hoy la estatura de mito inoxidable y eterno que ostenta su figura.

Obdulio es Maracaná. Maracaná es parte del alma de todo uruguayo, lo reconozca o no. Y es la hazaña futbolística más inmensa de todos los tiempos. Un logro casi de ficción, prácticamente increíble: ganar la final del mundo contra un equipazo de Brasil en tierra brasileña y ante el estadio más grande del mundo recién inaugurado y totalmente lleno por un público adverso.

Muchos presuntos teóricos de la “uruguayidad”, muchos supuestos analistas lúcidos de la sociología local, han culpado a la gesta de Maracaná de todos los males que el Uruguay post 1950 ha sufrido. Nada que ver, por cierto. El Uruguay se complicó por los malos políticos, las malas medidas de gobierno y las coyunturas internacionales adversas.

Soy de los que sienten orgullo y emoción cada 16 de julio, por una, razón general: soy uruguayo; también por una particular: porque el 16 de julio de 1950 mi padre estaba en el Estadio Maracaná viendo aquel mítico partido, sacado adelante por un plantel donde en su condición de odontólogo tenía dos pacientes: los jugadores del club Cerro Rúben Morán (titular en la final como extremo izquierdo) y Héctor Vílchez (defensa suplente ese día).

El 16 de julio de 2015, con la muerte de Alcides Edgardo Ghiggia, último integrante aún vivo del plantel campeón del mundo, se cerró un capítulo. Curiosamente, “el ñato” Ghiggia, autor del segundo gol uruguayo en aquella final, se fue el mismo día de la consagración en Maracaná: un 16 de julio.

El Uruguay de hoy festejó hace algunas semanas, el pasado 20 de setiembre, los 100 años del nacimiento de Obdulio Jacinto Varela, el capitán de Maracaná, el símbolo de una era en la que los jugadores nacían y morían pobres, jugaban en general durante casi toda su carrera en un mismo club, aquí en Uruguay, y estaban convencidos que la mayor riqueza a la que podían aspirar era a ponerse la celeste en el pecho.

La historia deportiva de Obdulio, se puede resumir en pocas palabras:

Debutó en 1936 en el Deportivo Juventud de la división Intermedia, pasó luego a Wanderers en 1938, a los 21 años se puso la celeste por primera vez -la defendería en 45 partidos- y jugó en Peñarol entre 1943 y 1955, año de su retiro, club en el que resultó campeón uruguayo en seis ocasiones.

Si historia personal es mucho más pintoresca y dramática.

Fue cuidacoches, vendedor a domicilio, cadete en una lavandería, lustrabotas y peón albañil. Cuando ya jugaba profesionalmente fue también Portero en la oficina estatal Impuestos Directos.

Desde octubre de 1948 hasta mayo de 1949, una durísima huelga paralizó al fútbol local. Obdulio fue uno de los líderes de esa medida extrema. Lo cual no impidió que al formarse el plantel para el mundial de 1950 le exigiera a todos los jugadores que le dieran la mano al recio zaguero Matías González, quien no se había plegado a la huelga y con quien hasta el momento de viajar al mundial no se hablaban.

Pese a su escasísima-casi nula-educación formal, Obdulio resultó ser una suerte de filósofo del fútbol uruguayo, acuñando aquel 16 de julio de 1950 algunas frases que quedarán para la eternidad como “ en la cancha somos once contra once, los de afuera son de palo”, “vamos a ganarles a estos japoneses” y “con la celeste en el pecho somos doble hombres”.

Entró en la leyenda al ponerse la pelota bajo el brazo, tras el gol brasileño que abrió aquel histórico 2 a 1 y conversar con el juez, enfriando el partido con mucha viveza. Lucho en la mitad de la cancha como un león contra un equipo que tenía un juego maravilloso y que había goleado previamente a Suecia 7 a 1 y a España 6 a 1.

Terminado el encuentro, lloró de emoción con sus compañeros, pensando en ese pequeño país escondido en el mapa entre Argentina y Brasil.

Pero esa noche, mientras el plantel y las pocas decenas de hinchas que estaba en Río de Janeiro-entre ellos mis padres-festejaban en el Hotel Paysandú de la ciudad carioca, Obdulio salió a caminar y entró en un bar tras otro, tomando alguna copa junto a los brasileños que intentaban infructuosamente borrar ese día de su memoria por el resto de sus vidas.

Sintió una pena inmensa por esa gente, que lo reconocía y lejos de agredirlo, le expresaba su más absoluta admiración.

Desde aquel día, hasta su muerte, reconoció que de diez partidos, Brasil hubiese ganado nueve. Pero seguramente en su más íntimo fuero seguía sintiendo el más tremendo orgullo por haber capitaneado a la celeste justamente durante el partido que había que ganar y se ganó.

Tras su retiro de las canchas, se recluyó hasta su muerte, el 2 de agosto de 1996 en el modesto barrio montevideano de Villa Española, esquivando al periodismo y escapándole a su propia leyenda.

Declaró alguna vez que si en la televisión daban un partido de fútbol, se ponía a leer el diario. Y, como de costumbre, acuñó otra de sus célebres frases:” no conozco a nadie que coma puchero de fama”. También dijo “recordar hace mal” concluyendo un minuto después con un rotundo “aquello ya se fue” en referencia a Maracaná.

Obdulio Jacinto Varela Muiños, el capitán de Maracaná, la más grande gesta que la historia del futbol del mundo recuerde, había nacido el 20 de setiembre de 1917 y pese a aquel 2 de agosto de 1996, a sus 100 años sigue más vivo que nunca en todos los que seguimos pensando que nuestro pequeño país es, en realidad, un gran país donde todo es posible... por imposible que parezca.

Leído 1211 veces Modificado por última vez en Jueves, 19 Octubre 2017 21:49
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