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Home Culturales El poder del lenguaje
Jueves, 18 Agosto 2016 18:55

El poder del lenguaje

  Por Marcos Torres
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El 25 de agosto celebramos la Independencia de Uruguay.

La Declaración de la Independencia consta de tres artículos:

La independencia de la Banda Oriental respecto al Imperio de Brasil, la promulgación del pabellón nacional, y la integración de la Banda Oriental a las Provincias Unidas del Río de la Plata .

La arbitración de los ingleses determina, años después, el reconocimiento de nuestro actual territorio y su población como nación soberana, el 27 de Agosto de 1828, en Río de Janeiro, jurándose la Constitución dos años después.

Este equívoco referente a la fecha que celebramos, encubre otro equívoco aún mayor, pues en realidad, no debe considerarse que lo que constituía a la Banda Oriental fuese dependiente del Imperio del Brasil, ni en sus recursos fundamentales ni en otros conceptos, pues no fue ese el caso, sino que se trató de la EMANCIPACIÓN de la Banda Oriental de dicho Imperio, es decir, de su autodeterminación, con la cual la Asamblea determinó su integración a las Provincias Unidas del Río de la Plata.

Es importante señalar esto, pues cuando se habla de las independencias latinoamericanas respecto al Imperio Español, parecería que éstas provincias dependían de la metrópolis, lo cual es lo inverso de los hechos, ya que era la metrópolis la que dependía en mucho de sus provincias de ultramar.

En el caso de nuestra “independencia”, tampoco dependía la Banda Oriental de las Provincias Unidas, y ni siquiera fue algo propuesto por algún prohombre de la patria, ni brotó tampoco del unánime sentir de las masas populares, sino que fue propuesto por Lord Pondsomby, quien propuso la formación de un “estado tapón” para mejor implementar el logro de los intereses británicos en la región.

Esta aclaración es importante, no sólo para que rindamos a dicho lord sus merecidos homenajes como “padre de la patria” y para que reconozcamos a los belgas como “país hermano” (otra propuesta del lord), sino para que podamos dimensionar hasta que punto el reconocimiento determinado por el Imperio Británico constituyó un corte con el ciclo artista, la Liga Federal y los ideales propuestos por Artigas de la “Patria Grande”, los cuales son concurrentes con los de Bolívar.

El ciclo artiguista proponía como necesarios, muchos y profundos cambios sociales como queda claramente expresado en las Instrucciones del Año XIII.

Las Instrucciones pueden considerarse como la primera Constitución de nuestro pueblo, ya que ciertamente fueron promulgadas por delegados elegidos por sectores representativos de la población y se intentarían implementar por un líder seguido por la misma, diferenciándose así profundamente de la Declaratoria del 25 de agosto de 1825, y de la Declaración de Río de Janeiro, promovida ésta por una potencia extracontinental.

La importancia de esta diferenciación se hace patente en los años siguientes, en los cuales se sucederían varias “limpiezas étnicas”: primeramente, la eliminación de los Pueblos Originales; luego, de los afrodescendientes, diezmándolos mediante su empleo como tropa de choque; posteriormente del gauchaje, con las políticas de “alambrar y pacificar la campaña “ y finalmente, de mucho de la población rural, mediante los continuos conflictos armados, que recién en 1907 tocarían a su fin.

Las poblaciones exterminadas y las mermadas fueron sustituidas por inmigrantes europeos, los cuales contrariamente a lo planeado por las clases dominantes al servicio del Imperio Británico, trajeron muchas ideas referentes a cambios sociales profundos y cabe aquí señalar los anarquistas, los cuales tuvieron una importante pero no generalmente reconocida influencia, en la cultura uruguaya del S.XX.

La clave de la independencia de una nación pasa, entre otros puntos, de la capacidad de autodeterminar como se construirá la base productiva del país y de como se administrará y distribuirá la riqueza así lograda, para lo cual se requiere de una clase dominante que se identifique con los intereses de la mayoría de la población.

Un elemento vital para la buena gestión de los recursos, es una cultura arraigada en la realidad ecológica del medio ambiente en el que vive la población.

El poder del lenguaje es tanto describir la realidad como transformarla, mediante narrativas que permiten construir alternativas a lo que ya existe, sea esto para bien o para mal.

La conmemoración equívoca de un evento muy distinto a lo que se le atribuye, puede ser un punto de partida para reflexionar sobre el poder del lenguaje.

Marcos Torres­ Andrada. Hierofante Fundador,
Iglesia del Culto Solar de las 16 Naciones.

 

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