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Miércoles, 15 Noviembre 2017 23:28

Daniel Viglietti y el Uruguay

  Por Eduardo Rivero
 Especial para Banda Oriental
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El corriente 2017 ha sido particularmente aciago para la cultura uruguaya, con la muerte de referentes ineludibles de la música y la poesía como el musicólogo y compositor Coriún Aharonián, el poeta Washington Benavídes y hace apenas días atrás, el notable cantautor y polifacético hombre del arte y el periodismo Daniel Viglietti.

Sometido a una operación cardíaca de emergencia, no logró sobrevivir a ese trance, llenando de tristeza a un país que con total justicia lo consideraba parte esencial de ese núcleo pequeño de grandes nombres de la canción uruguaya como los ya desaparecidos Alfredo Zitarrosa, José Carbajal “El Sabalero” y los aún vigentes Los Olimareños.

Su breve velatorio se llevó a cabo en el foyer del teatro Solís de Montevideo, concitando una verdadera multitud.

Daniel Viglietti, fallecido el lunes 30 de octubre, había nacido también en nuestra capital el 24 de julio de 1939, hijo de un matrimonio signado por la música, integrado por la excelente concertista de piano Lyda Indart y el no menos solvente guitarrista Cédar Viglietti.

Se crío en el montevideanísimo barrio de Sayago y fue alumno del liceo del vecino barrio Colón.

Tuvo una notable formación guitarrística de la mano de maestros de primerísima línea como Atilio Rapat y Abel Carlevaro, nombres fundamentales para difundir la escuela uruguaya de guitarra clásica a nivel internacional, como realmente ha ocurrido.

El propio Daniel se convirtió en un muy requerido maestro de guitarra para toda una generación de jóvenes intérpretes del instrumento. Entre sus alumnos se encontraron los integrantes del conocido dúo de Washington Carrasco y Cristina Fernández.

En la segunda mitad de los 60, como todos los uruguayos sabemos, comenzó un período de enorme radicalización política en nuestro país, con la actuación de la guerrilla urbana y la consiguiente represión de las Fuerzas Armadas, que traería como trágica consecuencia la caída de las instituciones democráticas y la permanencia en el poder del gobierno de facto durante once años.

Daniel Viglietti fue una de los cantautores más radicalizados políticamente, pero a pesar de abrazar una opción política extrema, no por eso dejó de cuidar el aspecto artístico de su prepuesta; por el contrario, fue un artista vanguardista musicalmente, aportando permanentemente una enorme belleza en sus composiciones, tanto en música como en textos, y exhibiendo un absoluto refinamiento interpretativa, donde a su profunda voz de barítono sumaba un dominio técnico de la guitarra sin fisuras.

Ese refinamiento musical, tanto como su opción política, lo llevaron a convertirse en un artista referencial para todos sus colegas, y en un auténtico ídolo popular.

Su obra más célebre, sin la menor duda, es aquella previa a su obligada ida al exilio tras un período en el que estuvo detenido en las cárceles del régimen imperante.

En ese sentido es imposible no nombrar a sus clásicos álbumes “Canciones para el hombre nuevo” de 1967-que incluye el emblemático “A desalambrar” y la nostálgica “Milonga de andar lejos”-”Canto libre” de 1969-donde encontramos obras como “La canción de Pablo” y “La senda está trazada”-y el popularísimo “Canciones Chuecas” de 1971-disco identificado con canciones como “Gurisito”, “Negrita Martina” y sobre todo “El chueco Maciel”.

Viglietti mencionó siempre como un honor enorme, que durante su detención apareció a nivel internacional una petición por su libertad firmada por nombres como Atahualpa Yupanqui, Julio Cortázar, Jean Paul Sartre, Francois Miterrand y Oscar Niemeyer (el arquitecto que creó la ciudad de Brasilia).

Su exilio comenzó-brevemente- en Argentina y se consolidó en Francia, donde permaneció por once años.

Viglietti regresó al Uruguay el 1 de setiembre de 1984, cumpliendo-al decir de su amigo Mario Benedetti-un “desexilio” que fue coronado ese mismo día por un recital masivo señalado siempre por el músico como “el más emocionante de mi vida”.

Tras el exilio siguió creando y grabando. De este período se destacan sus discos “A dos voces”, un recital de música y poesías compartido junto a Mario Benedetti, “Devenir” de 2004 y “Esdrújulo” de 2006.

Sus canciones fueron grabadas por artistas de talla internacional como-entre muchos otros-Víctor Jara, Isabel Parra, Mercedes Sosa, Chávela Vargas y Joan Manuel Serrat, lo que da una idea de la dimensión de su figura.

Daniel fue, más allá de su rol de cantautor, una figura polifacética siendo también un gran agitador cultural, conduciendo en radio El Espectador su peculiar programa “Tímpano” y en el canal de televisión municipal “TV Ciudad “ de Montevideo su singular espacio “Párpado”, difundiendo incansablemente la música latinoamericana y apelando a su enorme archivo de entrevistas grabadas en sus incesantes viajes por el mundo.

Asimismo debe mencionarse que fue fundador del NEMUS (Núcleo de Educación Musical), una importantísima escuela de música, impulsor del nacimiento del sello editor de discos “Ayuí-Tacuabé”, y de la salida al mercado del semanario “Brecha”, directo continuador del legendario semanario “Marcha” en el cual el propio Daniel había sido periodista.

Su profunda voz, tan inmediatamente reconocible en sus discos, le permitió también ser durante años locutor en CX6 del Sodre, siendo un clásico presentador del vasto repertorio de música culta.

Para terminar esta nota, no puedo evitar una referencia personal.

Pude entrevistar cuatro veces a Viglietti, en los últimos diez años, generalmente con vistas a promocionar una tradición suya, que era el realizar cada mes de diciembre un “Concierto de fin de año” en el Teatro Solís, una de cuyas versiones ha aparecido en un disfrutable DVD.

Daniel se mostraba siempre dispuesto a mis entrevistas y me hizo el honor de decirme, ya fuera de micrófonos, en una de esas ocasiones “es un placer ser entrevistado por alguien que entiende de música”. Ojalá no se haya equivocado en esa generosa opinión.

El hecho es que nos sentíamos muy cómodos en el diálogo, ya que siempre terminaba en una charla mano a mano, una vez que la entrevista había concluido, hablando de nuestro tema en común preferido: la música y los músicos.

No voy a olvidar esas charlas (¡una de ellas se produjo por teléfono cuando me llamó a mi casa a las dos de la madrugada!) con alguien que, más allá del extraordinario músico que era, se mostraba también como una cabeza pensante, un intelecto cargado de polifacética cultura y, en un sentido más amplio, alguien que era lisa y llanamente un perfecto caballero. Hasta siempre, Daniel.

 

Leído 1588 veces Modificado por última vez en Jueves, 16 Noviembre 2017 00:51
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