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Domingo, 17 Septiembre 2017 01:15

Charlando con una leyenda: Olga Delgrossi

  Por Eduardo Rivero
 Especial para Banda Oriental
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En la tardecita del jueves 7 de setiembre, tuve el enorme honor de conocer personalmente a la gran Olga Delgrossi. Pude compartir un rato con una leyenda del tango uruguayo, apreciar su don de gente, escucharla cantar-y hasta cantar para ella a su pedido-disfrutar de su memoria y asombrarme con sus increíbles 85 años que la mantienen cantando con la voz de siempre y el entusiasmo de siempre.

Con ella y con su esposo Jorge pasamos un rato delicioso que incluyó las preguntas para Banda Oriental y luego de ellas, otro rato largo de charla y canto.

¿Se podría pedir algo más?

Esta es la charla que sostuve con Olga Delgrossi para los lectores de Banda Oriental en EE.UU. Una Olga recién llegada de Nicaragua, donde el pasado 31 de agosto realizó el concierto “100 años de Tango” dedicado a la Fiesta de la Independencia de Uruguay y al centenario del tango “La Cumparsita”. El concierto fue organizado y presentado por la Embajada de Uruguay en Nicaragua y en asociación con el teatro Nacional Rubén Darío, contando con el apoyo de empresas nicaragüenses como Copa Airlines, Café Presto, BAC-Banco de América Central y Grupo PELLAS, la colectividad uruguaya en Nicaragua, el MRREE de Uruguay y la AUCI.

Cabe señalarse que la colectividad uruguguaya en Nicaragua es muy pequeña-unas 70 u 80 personas-de allí el gran éxito de este concierto que concitó un público de 750 personas.

El rol y ardua labor del embajador Jorge Luis Jure y voluntarios fue fundamental, trabajando contra viento y marea, como es su sello personal, con el propósito de dar a conocer los productos uruguayos tanto como nuestro arte y nuestros artistas.

¿Cómo estuvo el evento en Nicaragua, en el marco en los 100 años de “La Cumparrista”, en el cual cantaste acompañada de una Orquesta Sinfónica Juvenil?

Te imaginarás que para mí, una mujer de 85 años, fue una experiencia maravillosa. Soy, además, la primera persona que ha cantado tangos en Nicaragua. Jorge Luis Jure, el embajador uruguayo, me recibió también de un modo maravilloso. Jorge es un fenómeno, un verdadero embajador, ese que se preocupa día a día por los uruguayos que están allí donde él esté. Imagináte también, el honor que representó cantar en el teatro Ruben Darío, una sala que lleva el nombre del poeta nacional de Nicaragua. Tuve la suerte de viajar acompañada de dos músicos uruguayos excepcionales, como el maestro Julio Cobelli, nuestro número uno en la guitarra y el gran bandoneonista Néstor Vaz. El mastro Britos, el mismo que dirige la Orquesta Sinfónica Juvenil aquí en Uruguay dirigió la orquesta y la preparó para el tango en apenas dos días. Recibí una ovación de pie. En el brindis que se hizo al final no pude tomar ni un sorbo porque eran fotos y fotos con toda la concurrencia.

¿Cómo es cantar para los uruguayos que están en el exterior, tan lejos de su patria?

Es impresionante comprobar que tan lejos del Uruguay-y yo he viajado muchísimas veces-me acompañan siempre. Fijate que ya he ido cinco veces a Estados Unidos, estuve en Inglaterra, Francia-donde grabé un CD-Austria-acompañada por Julio Cobelli-dos veces en Australia, México... He recorrido el mundo gracias a este don que Dios me dio. Y siempre es emocionante encontrar uruguayos allí donde yo vaya.

¿Que significa para alguien nacida en Tacuarembó ser nombrada Ciudada Ilustre de Montevideo, como ocurrió en 2014?

Una vez más debo usar el adjetivo “maravilloso” para describir lo que se siente ante una distinción de esa naturaleza. Tuve el honor de ser nombrada primero Ciudadana Ilustre de Tacuarembó y luego nada menos que también de nuestra capital. Tengo además un sol con mi nombre en la peatonal Sarandí, que son muy pocos los que lo tienen.

Quisiera agregar que el pasado 5 de junio me hicieron Catedrática de Honor en la Academia de Tango de Buenos Aires y me entregaron el premio “Gobbi de Oro”. Un premio que fue conferido por primera vez a Susana Rinaldi, y del que soy la única persona uruguaya que lo ha recibido. Pero si hay un logro especial, es que el Correo Uruguayo haya sacado una serie de sellos con mi retrato y la frase “La Dama del Tango”, en diciembre de 2016.

Tu estilo interpretativo es tremendamente emotivo, visceral, con una entrega absoluta. ¿No podrías haber cantado nunca de otra manera por lo que intuyo?

Así soy yo, visceral y emotiva. Fijáte que tengo un soplo al corazón, y hasta mi cardiólogo me dice que me entrego demasiado y es riesgoso (risas) No puedo cantar de otra manera que no sea con el alma y el corazón. Yo emociono al público porque primero me emociono yo al cantar.

Empezaste a cantar en Tacuarembó a los 12 años. ¿Ya cantabas con tanta entrega?

Supongo que no. Pero sí te aseguro que ganaba todos los festivales en los que me presentaba en público.A los doce años debuté cantando con orquesta porque antes de eso recitaba. Lo maravilloso es que mis padres confiaron en mí, vendieron la casa en Tacuarembó y decidieron venir a Montevideo para apoyar mi carrera en la música.¿ (se emociona). Eramos unos cuantos hermanos. Ahora quedamos mi hermana Elena, mi hermano Felipe, que dicho sea de paso, es el padre de mi sobrino Dieguito Delgrossi, un gran comediante y actor y yo.

Tu nombre ha quedado históricamente asociado a grandes nombres del peso de los maestros Donato Raciatti y Toto D'Amario, sin dudas.

Canté con Raciatti, un músico inmensamente popular, hasta que tuve mi hija y vino un paréntesis obligado. Allí me sustituyó la cantante Nina Miranda, ya fallecida, una artista excepcional: cantaba como los dioses. Lo mejor de todo es que con Nina nos admirábamos mutuamente. Con Raciatti íbamos a Argentina donde actuábamos de sur a norte. Y nos iba bien, al punto que la gente a veces no bailaba por escucharnos con más atención, aún cuando compartíamos el escenario con orquesta increíbles como Pugliese o Troilo.

Muchas cosas han cambiado en el modo en que se ofrece la música. ¿Cómo era aquel tiempo en que había muchísimos bailes con orquesta y muchas confiterías con música en vivo?

Con la orquesta de Donato Raciatti hacíamos no menos de dos o tres bailes por noche. Empezábamos en Canelones, por ejemplo, y terminábamos en aquel salón gigantesco del Palacio Peñarol. Con Raciatti canté durante siete años, compartiendo escenario con dos grandes cantores como Víctor Ruiz y Félix Romero.

Raciatti era una orquesta “bien a lo D'Arienzo”...

Totalmente. Una orquesta “bien para bailar”. En Argentina nos iba muy bien y aquí era algo impresionante. Una noche en Mar del Plata, un señor me prometió que me iba a regalar un pájaro porque dijo que yo cantaba como una calandria. Y un día aparece el pájaro de regalo en mi casa, una cosa increíble...

¿Cómo te trató Buenos Aires, porque fuiste un montón de veces y para todo uruguayo es la meca del tango?

Si, fui muchísimas veces. E incluso estuve dos años viviendo y trabajando allí. Fui cantante de un grupo maravilloso, “Los Siete del Tango” donde tocaban músicos excepcionales como el bandoneonista Luis Stazo y Fernando Suárez Paz, que luego fue nada menos que violinista de Astor Piazzolla. Actuábamos todos los días en el histórico “Glostora Tango Club” de Radio El Mundo. Alli pude compartir un show con Libertad Lamarque, nada menos, presentarme en el show de Hugo del Carril y cinco veces en el popularísimo “Grandes Valores del Tango”.

¿Son importantes los premios como el Morosoli o el Gardel de Oro que tu recibiste?

Quien te diga que los premios no le interesan miente. Yo tomé el premio Morosoli, por ejemplo, como si hubiese ganado el Oscar de la Academia.

¿Cuales el es tu tango preferido?

“Nostalgias” de Cobián y Cadícamo.

La “bajadita final” en la melodía es un poco “la tumba de los cracks” para los cantantes, ya que es una melodía muy difícil de afinar.

(Olga se larga a cantar, en este punto, la célebre “bajadita final” con una voz prístima, afinadísima, de perfecto vibrato y entonación asombrosamente joven).

“...Desde mi triste soledad/veré caer las rosas muertas/ de mi juventud...”)

Otro tango que me encanta es “Una canción”, de Troilo y Cátulo Castillo que lo grabé recientemente, luego de admirarlo desde siempre. ¿La conocés?

-¡Claro Olga, en la versión de Troilo y Goyeneche!

“La copa del alcohol hasta el final
y en el final tu niebla, bodegón...”

(En este punto este periodista y cantor se da el gusto de cantar a dúo con Olga Delgrossi).

Olga, nombráme colegas a los que admirás.

Bueno...de la Argentina, mi preferido es Roberto Goyeneche. También “El Tata” Floreal Ruiz, con quien trabajé y que era una persona exquisita...Roberto Rufino...Y de aquí del Uruguay “El Negro” Alberto Rivero, que se nos fue hace ya unos años. De los de ahora me gustan unos cuantos, pero no me hagas dar nombres porque temo olvidar alguno.

¿Julio Sosa?

Julio era un cantorazo y fue un ídolo impresionante en Argentina. Te voy a confesar algo...antes de que se fuera para Buenos Aires, Julio y yo fuimos “dragoncitos” como se decía antes...Quisero destacar a Elsa Morán. Elsa y yo somos las que vamos quedando de nuestra generación. De las más jóvenes, me gusta mucho Valeria Lima: canta muy bien y además es hermosa y sabe caminar un escenario.

¿Tabaré Leytón entre los más jóvenes?

Excelente. Me encanta cuando aborda los clásicos de Gardel.

¿Te parece que tangos más actuales como “Garganta con arena”, “A un semejante” o “Que tango hay que cantar” pueden tener el mismo lugar en la historia que “Che Bandoneón”, “Malena” o, por citar apenas otro, “Rondando tu esquina”?

Mirá, yo siempre trato de estrenar tangos nuevos, pero sigo pensando que los tangos del período clásico, aquellas melodías...aquellas letras...siguen siendo insuperables.

Olga, te voy tirando algunos nombres y vos me das una opinión, ¿de acuerdo? Mercedes Simone...

Una de las más grandes. Le decían “La dama del tango”, el mismo apodo que se me puso a mí aquí en Uruguay.

¿Nelly Omar?

¡Grande! Fuimos con Jorge, mi marido, a verla cantar al Luna Park de Buenos Aires cuando cumplió 100 años...

¿Tita Merello?

Una artista completa. Su gracia, su personalidad... Una tremenda decidora de letras. Claro que no era una super voz, pero si una artista completísima y carismática.

¿Alba Solís?

Me gustaba, por supuesto. Trabajé mucho con ella en Buenos Aires. Era muy gesticuladora en escena, pero también cantaba muy bien.

¿Susy Leiva que murió hace tantos años?

Susy era divina. Venía siempre a cantar a un programa de tango que se hacía aquí, en Canal 5 y que salía desde el salón de una automotora, allá por Garibaldi y General Flores. Trabajamos las dos en aquellos programas. Cantaba muy bien y era una mujer bellísima.

¿Elba Berón?

Divina. Su desparpajo, su forma de interpretar...Los Berón...su hermano Raúl, un cantorazo...

Venimos más aquí en el tiempo: ¿María Graña?

La más grande cantante de tango de todos los tiempos. Lo máximo.

¿Adriana Varela?

Me pareció muy interesante cuando empezó a cantar. Luego creo que exageró un poco y se la tragó su propio personaje.

Contáme sobre Gardel y su presunto origen en Tacuarembó, en tu condición de tacuaremboense.

Más allá de que siempre escuché la historia de que era hijo ilegítimo del Coronel Escayola y todo eso, me quedo con que Gardel en vida siempre usó documentos personales que lo señalaban como “Uruguayo nacido en Tacuarembó”. Ese es un hecho irrefutable. Como artista, que es lo que importa, el maestro de todos nosotros. Inigualable.

Tengo entendido que sos una persona con mucha fe, y que la religión ocupa un lugar preponderante en tu vida.

Sentí la fe ya desde que era una niña en Tacuarembó e iba a un colegio de monjas a media cuadra de mi casa. Y el día mismo en que nos vinimos para Montevideo, nos quedamos en la casa de unos parientes que pertenecían a la Iglesia Nueva Apostólica. El primer domingo que fuimos con ellos a esa iglesia encontré mi camino verdadero. Son 70 años desde que vine de Tacuarembó, 70 años con el tango y 70 años que pertenezo a la Iglesia Nueva Apostólica. Siento que si no fuera por Dios no podría estar a los 85 años cantando, trabajando, viajando...Yo hago una oración cuando me levanto y otra cuando me acuesto y pido por todo el mundo, por los que me quieren y también por los que no. Dios me ha dado mucho, mucho...

Por último contáme algo de tus viajes a Estados Unidos.

Podría contarte miles de cosas, pero prefiero usar este espacio para mandarle un gran saludo a dos grandes mujeres, María Tur y Julia Moreira que me trataron de la forma más divina que puedas imaginar. María fue quien me llevó por primera vez a Estados Unidos. En ese entonces Jorgito Jure era cónsul en Estados Unidos y también fue ya un placer tratarlo.

¿Si volvieras a nacer, harías lo mismo?

Recorrería el mismo camino. Sería de nuevo cantante.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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