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Miércoles, 12 Abril 2017 18:54

A Don José y a Don Juan Antonio

  Por Eduardo Rivero
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Por más que hayamos crecido, por más que el mundo haya cambiado y ciertas tradiciones parezcan devaluadas, la cercanía de las fechas patrias siguen emocionando a muchos uruguayos, como es mi caso, y como seguramente es el caso de nuestros amables lectores en Banda Oriental.

El 19 de abril-como luego el 18 de julio o el 25 de agosto-son una invitación a reencontrar al corazón de la patria latiendo al unísono con nuestro pequeñito e individual corazón de ciudadanos de a pie. Y sin dudas una parte esencial de esa emoción es el recordar a nuestras tres banderas-la uruguaya, la de Artigas y la de los Treinta y Tres-en sus mástiles, enhiestas en el festejo de la efeméride en el entrañable ámbito del patio escolar.

Respeto a quienes se hayan formado en la enseñanza privada, pero en mi caso no puedo dejar de definirme como orgulloso hijo de la Escuela Pública. Aquella Escuela Pública de un tiempo ya lejano en que las maestras eran respetadas y queridas como segunda madre y en que las fechas patrias eran celebradas a rajatabla.

Por razones de edad, mis años escolares empezaron a fines de la década del 50 y culminaron en 1964, año del bicentenario del natalicio de Artigas, cuando las maestras de la escuela “Noruega” de Segundo Grado Número 18 de Pocitos, tuvieron la curiosa idea de nombrarme abanderado, lo que aún hoy me llena de desconcierto porque era un niño bastante travieso, pero también de un honor inmenso que jamás me abandonará. Participé, con mi túnica almidonada, mi moña azul, mis guantes blancos, en una multitudinaria celebración, aferrado a la bandera de Artigas, en una Plaza Independencia de Montevideo repleta de escolares provenientes de todos los puntos del país. Algo inolvidable.

Entonces cantábamos el himno nacional, la marcha “Mi bandera” y un cierto “Himno a Artigas” hoy en desuso, y que ha sido sustituido desde hace muchas décadas por la maravillosa canción del maestro Rúben Lena “A Don José”, que no sólo fue símbolo del repertorio del incomparable dúo treintaitresino Los Olimareños, sino que, desde las escuelas públicas de todo el país ha ganado un merecido status de “Himo cultural uruguayo”, tal como ha sido designada oficialmente la canción en 2003 por decreto del entonces Presidente José Mujica, a través de la ley número 17.698.

Precisamente en aquel 1964 en que se celebró el bicentenario del natalicio de Artigas, el maestro Rúben Lena inscribió su canción, recién compuesta, en la Biblioteca Nacional.

Rubén Lena-”Rubio” o “Rubito” para sus amigos-nació en Treinta y Tres el 5 de abril de 1925 y murió en Montevideo el 28 de octubre de 1995.

Si bien intentó estudiar escribanía en Montevideo, se formó como docente en su departamento y fue maestro rural en las escuelas Número 44 de Sierras del Yerbal, cerquita de la Quebrada de los Cuervos, y Número 42 de Arrayanes del Cebollati, luego director de la escuela Número 3 de Villa María Isabel-paraje conocido como Isla Patrulla-y tras ser becado en 1959 en Venezuela, fue nombrado Director del Instituto Normal de Treinta y Tres, cargo del que sería destituído al llegar la Dictadura. Paradójicamente, la música utilizada como fondo del comunicado de la disolución de las cámaras el 27 de junio de 1973 fue “A Don José”.

Entre 1961 y 1964, Lena escribió un cancionero que intentaba ser sencillo y en lo posible basado en ritmos orientales como la milonga y la serranera, dedicado a sus alumnos escolares. En ese cancionero se incluyen joyas como “De cojinillo” y “A Don José”.

Lena fue íntimo amigo del poeta salteño Víctor Lima (autor del tema “Adiós mi Salto”), y entre ambos surtieron de canciones al entonces joven dúo Los Olimareños, integrado por Pepe Guerra y Braulio López. Una colaboración que está en la historia más grande de la música popular uruguaya. Los temas de Lena también fueron grabados por otras figuras esenciales de nuestro canto como el dúo Larbanois-Carrero, Santiago Chalar y Alfredo Zitarrosa entre muchísimos otros.

Al retornar la democracia, Rúben Lena fue homenajeado en Treinta y Tres en 1985 con la presencia del presidente de la república Dr. Julio María Sanguinetti. Hoy el puente que cruza el río Olimar sobre la ruta 88 lleva como nombre “Maestro Rúben Lena”.

Pero más allá de esos honores que le han llegado desde el estado, el mayor honor que ha merecido el maestro Lena ha sido el amor y el respeto de todo un país y el hecho de que año a año los escolares uruguayos canten “A Don José” como el auténtico himno popular que realmente es.

La llegada del 19 de abril trae, también, la evocación, por supuesto, de la legendaria figura del gran héroe don Juan Antonio Lavalleja, ciudadano impar en la historia nacional. Nacido en Minas el 24 de junio de 1784 y fallecido en Montevideo el 22 de octubre de 1853, fue capitán de José Artigas, Jefe de la valiente hasta lo increíble cruzada libertadora del 19 de abril de 1825-que fue esencial para la independencia definitiva de nuestra patria- Presidente de la República en el triunvirato de 1853 y héroe en históricas batallas contra brasileños y portugueses con victorias memorables como las del 12 de octubre de 1825 en Sarandí Grande o la de Ituzaingó del 20 de febrero de 1827.

Lavelleja mereció la primer estatua ecuestre del Uruguay, inaugurada en Minas, sus ciudad natal, el 12 de octubre de 1902. Y el 26 de diciembre de 1927, el gobierno decretó que el entonces Departamento de Minas pasaría a denominarse Lavalleja en su honor.

Este 19 de abril de 2017 trae además, el aniversario número 24 de nuestro querido períodico Banda Oriental. Y digo “nuestro” porque así lo siento, pese a escribir desde la lejana Montevideo con la alegría de acercarme a tantos uruguayos que viven lejos de nuestra tierra, y también digo “querido” porque así lo siento. Desde Montevideo vaya para todos los lectores y en forma muy especial para Julia y Jorge Moreira, sus creadores y directores, de quienes tengo el honor de sentirme amigo personal, un apretado abrazo.

En esta nueva fecha patria, y con el imaginario sonido de voces infantiles cantando con sus túnicas y sus moñas, cerramos esta nota con un fragmento de los enormes versos de “A Don José” que tanto y tan profundamente nos conmueven a todos los uruguayos, dondequiera que estemos.

Ven a ese criollo rodear
rodear, rodear
los paisanos le dicen
mi general

Va alumbrando con su voz
la oscuridad
y hasta las piedras saben
a dónde va

Con libertad, ni ofendo ni temo
qué Don José
oriental en la vida
y en la muerte también
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