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Home Columna del Mes EL VERDADERO ROSTRO DE ARTIGAS: los que corrieron el velo a la cara del héroe.
Viernes, 21 Junio 2013 00:19

EL VERDADERO ROSTRO DE ARTIGAS: los que corrieron el velo a la cara del héroe.

 
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*El trabajo fue realizado bajo contrato, por un policía-investigador de la ciudad de New York, Stephen Mancusi, especializado en realizar identikit policiales. *El trabajo fue realizado bajo contrato, por un policía-investigador de la ciudad de New York, Stephen Mancusi, especializado en realizar identikit policiales.

Si transcribiéramos textualmente a Nelson Caula, autor de los tres tomos de “Artigas Ñemoñaré”, diríamos que toda esta movida por revelar y conocer ‘el verdadero rostro de Artigas’, se debió a un ‘loco lindo’ llamado Osvaldo Aren Frontera, un doctor uruguayo especializado en cáncer, que vive en Chile.

José ArtigasEste artiguista apasionado, ‘fue el ideólogo, gestor y productor de dicho emprendimiento’, con el que cierra Caula la obra que inició en el 2000.

El Dr. Aren Frontera apostó al arte forense desde un principio y por sugerencia de una de sus pacientes, contactó a tales fines, al que se considera un verdadero especialista en la materia, Stephen Mancusi, un detective de 1er grado de la policía de New York, con más de 27 años de servicio.

Este policía-ilustrador, es autor de obras sobre arte forense, disciplina que además enseña y sobre la cual dicta conferencias.

Después de tramar la locura de querer conocer por fin el rostro del ‘Washington del Sur’, es decir, de José Artigas, fue que se reunieron en New York tres uruguayos: Dr. Aren Frontera, su señora y Nelson Caula, y quizás bajo los arrullos de la conocida balada de Piazzola, emprendieron el camino hasta el taller de Mancusi, en la ciudad de Peekskill, ubicada a treinta kilómetros del centro de Manhattan.

Así describe Caula en su libro, el primer encuentro con el policía newyorkino:… “con una espléndida sonrisa, tan brillante como su pelada, venía bajando la cuadra hacia su estudio,….nos cayó simpático”.

Antes del encuentro, se le hizo llegar a Mancusi distintos documentos, conteniendo información descriptiva sobre Artigas y material ilustrativo, relevante, pero no muy profuso.

Por dichos motivos el policía de la sonrisa amplia, realizó una tarea que creemos no le debe haber resultado nada fácil, aunque se mostró siempre muy confiado y seguro con el trabajo encomendado y por ende, en su ‘producto’ final.

Puntualiza Caula la existencia de una importante iconografía, fundamental a la hora de conocer la obra social de Artigas, pero llegada la hora de conocer el rostro y fisonomía del prócer, otra es la historia.

A los esfuerzos artísticos (Blanes, Zorrilla), tan valiosos y reconocidos, se suma la construcción a partir del imaginario social de cada época, con mayor o menor grado de exaltación, es entonces que su rostro encaja, puntualiza Caula, en el ‘deber ser’, más que en ‘el ser’.

Así fue que estos locos e intrépidos uruguayos, sintieron que nunca se había apostado “a una buena cuota de ciencia”, que ayudara a conocer el rostro de Artigas, que muchos intentaron borrar sin suerte (junto con su pensamiento libertario) de la memoria de los pueblos (Sarmiento, Mitre, etc.).

Es entonces que aparece en escena el newyorkino Mancusi, quien reconoció no haber sentido jamás hablar de Artigas, ni tampoco conocer mucho sobre Uruguay.

El trabajo que realizó Mancusi, “por el que se le pagó muy buen dinero”, fue descrito por el mismo policía de la siguiente manera.

“Mi tarea consiste en tomar la información disponible acerca de la persona, del sujeto y entonces, a partir de todo eso, trato de crear una imagen visual que represente esa información. “En este caso (Artigas), la información era la pintura de Demersay y la descripciones que ustedes me enviaron, que fue también muy importante”.

Reconoció que las fotos de hijos y descendientes de Artigas que le hicieron llegar, si bien “les dio una mirada”, no fueron muy relevantes para él.

“Como artista forense yo pinto una noción, el concepto del sujeto”, enfatizó a los ya mencionados visitantes uruguayos, que a estas alturas, se habían convertido en ávidos y atentos estudiantes en una cátedra improvisada de arte forense.

Las descripciones sobre Artigas, insiste Mancusi, fueron contundentes para el retrato y agrega observando su trabajo final: “Realmente se parece “.

Prosigue Mancusi, “si bien partí de un retrato de Artigas donde aparece de perfil, me dio muchos datos: que tenía una cara larga, una frente amplia y una nariz alargada”.

“Para trabajar la parte frontal de su cara, me valí de las descripciones escritas de personas que tuvieron oportunidad de conversar con Artigas, cara a cara (Robertson, Larrañaga) que observaron su nariz aguileña, sus labios finos y su boca amplia”.

Uno de los aspectos más importantes a definir, sin duda, fue la mirada de Don José.

“Según aquellos que conocieron su carácter y su temple, Artigas era un hombre de una mirada intensa y sus ojos eran verde azulados”, justifica Mancusi.

“La técnica que usé fue la regresión, fui de un Artigas viejo, a uno joven; el proceso inverso se llama progresión, cuando conviertes a alguien de joven en viejo”.

Nunca dudó Nelson Caula en manifestar, -antes de este capítulo que lo llevó a visitar New York y sus alrededores-, que el verdadero rostro de Artigas quedó plasmado para la posteridad, por los “innumerables ejemplos de su vida”.

El periodista y escritor uruguayo Nelson Caula, cierra su saga sobre Artigas, citando las hermosas palabras con que el diplomático norteamericano Cesar Rodney, en 1818, definió al héroe máximo de nuestro país: “Artigas es un hombre de excepcionales y poco comunes talentos”.

“Un hombre de gran comprensión y de fuerte inteligencia”, manifestó el diputado Smith en el Congreso de los Estados Unidos.

Como menciona Caula en su libro: el hombre que en los versos de Ansina, “movió, en buena hora, su calavera”.


 

LA PRENSA Y ARTIGAS (1815)

Al iniciarse el movimiento de mayo, la princesa Carlota del Brasil envió una imprenta al Cabildo de Montevideo para contrarrestar la propaganda revolucionaria de la Junta Gubernativa. Después de la rendición de la guarnición española en 1814, las autoridades delegadas de Buenos Aires se incautaron de esa imprenta, y al retirarse en febrero del año siguiente se la llevaron juntamente con todo lo que pudieron transportar. Pero la imprenta fue recuperada y entonces Artigas dirigió al Cabildo el 3 de agosto de 1815 un oficio (Maeso, “Artigas y su época”) en que decía:

“Habida en Montevideo la imprenta con sus operarios póngala

Ud. en ejercicio, ya por un tanto a cargo de algún periodista, ya por cuenta de ese Cabildo”.

El Cabildo resolvió fundar un periódico, del que sólo alcanzó a publicarse el prospecto a mediados de octubre. Fue enviado a Artigas con un oficio (De-Maria, “Compendio de la Historia”) en que se le pedían las órdenes, proclamas y otros escritos “para ejercitar los operarios y promover la ilustración general de la Provincia”, con la advertencia de que también se había “dispuesto la impresión de cartillas, catones y demás de que carecemos, para ocurrir a cultivar el espíritu de nuestra juventud”.

Véanse algunas de las ideas del Prospecto: “Hablar al pueblo con aquella libertad y modestia que reclaman la sana política y buena educación, instruyéndole en lo sacrosanto de sus derechos, obligaciones y deberes, disipando las ofuscaciones y tinieblas, de donde nace la ignorancia, formando las costumbres y suministrando noticias de todos los sucesos que forman la historia de los tiempos, ponen en contacto las más remotas edades, reproducen las épocas y dan al hombre parte o interés en la sociedad, es el objeto más digno de un periódico”.

“La industria, agricultura y comercio, artes, ciencias, así como las ocurrencias del día, tanto por lo que respecta a nuestro suelo, como a las demás regiones, provincias y reinos extranjeros, formarán una instructiva y agradable miscelánea, de que resultará organizado el periódico”.

“En todas sus páginas se cuidará de no ofender jamás la decencia y honestidad de costumbres (que forman la base de la felicidad de los pueblos), con sarcasmos, burlas y demás indecencias, que al paso que manifiestan debilidad en el que arguye, repugna a la moral. El idioma nativo es rico y abunda en frases y expresiones con que explicar los conceptos sin recurrir a tan indecorosos medios. En una palabra, un periódico es un teatro de enseñanza pública y no un circo donde se desfoguen las pasiones”.

He recibido la honorable comunión de VS datada en 5 del que gira aquí entusiasmado que revive en mi alma al ver reparado el orden después de fatales desgracias. Conservarlo es honor, y el deber inmediato de que se halla VS encargado. Yo con esta fecha recomiendo nuevamente al Sr. Don Frutuoso Rivera el más severo orden en toda la Tropa * Yo reencargo a BS. el más severo castigo, a cualquier oficial, que olvidado de su honor cometa el menor atentado. Hágase Ud. respetar en los cabezas para que sus súbditos sean todos obedientes. Yo creo que por la Conducta del Comité de armas, nada habrá increpable; por medio de este incidente como de otro cualquiera inesperado me dará parte para un pronto remedio. Celebro la seguridad, que se promete con el nuevo refuerzo de tropas: yo afianzado en la misma las dirigí a esa Plaza. Dios quiera llenar mis votos, para que los pronósticos sean la reseña de la ulterior tranquilidad.

Nunca es tan loable el celo de cualquier ciudadano en obsequio de su Patria como quedó ésta que firmado por votos reales, que lo caracterizan. Tal es el diseño, que me presenta en el venerable Cura de esa Ciudad, el Presbítero Don Dámaso Larrañaga. Yo jamás dejaría de poner el sello de mi aprobación a cualquier obra, que en su objeto llevase esculpido el título de pública felicidad. Conozco las ventajas de una Biblioteca pública, y espero que Ud. cooperará con su esfuerzo, e influya a perfeccionarla, coadyuvando los heroicos esfuerzos de un tan virtuoso ciudadano. Por mi parte dará Ud. las gracias a don Paysano, presentándole mi más intima cordialidad y cuánto dependa de mi influencia por el adelantamiento de tan noble empeño.

Al efecto, y teniendo noticia de una librería, que el Finado Cura Ortiz dejó para la Biblioteca de Bs. As. Ud. hará las indagaciones competentes, y si aún se halla en esa Ciudad aplíquese de mi orden a la nueva de Montevideo.

Igualmente toda la librería, que se halle entre los intereses de propiedades extrañas, se dedicará a tan importante objeto. Espero, que Ud. contribuirá con su eficacia a invitar los ánimos de los demás compatriotas a perfeccionarlo, y que no desmayará en la empresa hasta verla realizada.

Tengo la honra de saludar a Ud. y repetirle mis más afectuosas consideraciones. Paysandú 12 agosto de 1815, José Artigas.

 

Il. Cabildo Gobernador de Montevideo

Artigas acogió con agrado esta publicación y en nota al Cabildo, de 23 de octubre, decía (De-María, “Compendio de la Historia”):

“Yo propenderé por mi parte a desempeñar la confianza que en mí se ha depositado con los escritos que crea convenientes a realizar tan noble como benéfico empeño. Entretanto Ud. debe velar por que no se abuse de la imprenta. La libertad de ella al paso que proporciona a los buenos ciudadanos la utilidad de expresar sus ideas y ser benéficos a sus semejantes, imprime en los malvados el prurito de escribir con brillos aparentes y contradicciones perniciosas a la sociedad”…

“La solidez de nuestras empresas ha dado la consistencia a nuestra situación política y es difícil se desplome esta grande obra si los escritos que deben perfeccionarla ayudan a fijar lo sólido de sus fundamentos”… “Por lo tanto incite Ud. por medio del periódico a los paisanos que con sus luces quieran *coadyuvar a nuestros esfuerzos, excitando en los paisanos el amor a su país y el mejor deseo por ver realizado el triunfo de la libertad”.

Dando comienzo a la organización del personal del diario, el Cabildo confió a Larrañaga el cargo de revisor o censor de la prensa, que el agraciado declinó en una nota (De-María, “Compendio de la Historia”) en que expresaba que tal empleo “ni es compatible con mis muchas y graves obligaciones, ni con los sentimientos liberales sobre la libertad de la imprenta y el don de la palabra, que como uno de sus primordiales derechos reclaman estos pueblos”. Después de indicar el cúmulo de las atenciones de su Vicaria y de la Biblioteca Pública de que era Director, agregaba:

“Por otra parte, los pueblos de las Provincias Unidas se hallan en el nuevo pie de no tener revisadores, sino que cada ciudadano tiene libertad de imprimir sus sentimientos bajo la responsabilidad correspondiente al abuso que hiciese de este derecho”. Esta defensa de la libertad de imprenta, fue de efectos decisivos. El Cabildo desistió de su propósito de establecer la censura previa, en vista de las manifestaciones de Larrañaga.

Desgraciadamente no se encontró una sola persona que quisiera encargarse de la redacción del periódico y tuvo el Cabildo que comunicar el fracaso de sus gestiones a Artigas, quien contestó en 12 de noviembre: “Lamento que no haya un solo paisano que se encargue de la prensa para ilustrar a los orientales, procurando instruirlos en sus deberes”.

Y la imprenta quedó concretada a la impresión de cartillas y catones, bandos y proclamas.

*En éste texto histórico, aparecen algunas palabra en el español antiguo tales como:

”caton"- libro muy básico o para aprender a leer,

“VS” -Ud.

"coadyuvar"- ayudar a concretar una cosa,

"prurito" - picor o ganas de hacer algo indebido.

Nota parcial tomada del Texto Histórico del Profesor Walter Rela ‘Artigas, Sociedad y Cultura’ Cortesía de Enlaces Uruguayos www.enlacesuruguayos.com
Leído 2933 veces Modificado por última vez en Viernes, 21 Junio 2013 00:30
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