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JUNIO 2009
ISRAEL-PALESTINA:
ADIÓS AL
DOLOR, ADIÓS A LAS ARMAS
Por
Jerrold Kessel y Pierre Klochendler
Discurso del
presidente de Estados Unidos Barack Obama, en la
Universidad de El Cairo, Egipto.
(IPS) -
Cautelosos elogios motivó el discurso del presidente de
Estados Unidos, Barack Obama, en El Cairo el pasado 4 de junio,
donde señaló que el conflicto de israelíes con palestinos y
los árabes en general es uno de los asuntos más importantes
para mejorar las relaciones de su país con los musulmanes. No
pudo más que recibir elogios después de su inspirador discurso
y de su profundo compromiso con un proceso de paz integral en
Medio Oriente. "Fue tan
impresionante como el discurso de Martin Luther King ‘I have a
dream’" (Tengo un sueño), declaró un portavoz de Hamás (acrónimo
árabe de Movimiento de Resistencia Islámica) a la cadena de
noticias árabe Al-Jazeera, enseguida después de que el
mandatario estadounidense habló en la Universidad de El Cairo.
Pero muchos pueden haber quedado
desconcertados y disconformes, tanto en la comunidad árabe
como en la israelí. En especial los que no están preparados
para plegarse a la visión de Obama de que la paz es posible y
los que se mueven en función de sus propios intereses y
desoyen sus llamados para un acercamiento.
El mayor logro de los promotores de la
paz durante los años 90, cuando reinó una relativa calma entre
israelíes y palestinos, fue que judíos y musulmanes comenzaran
a comprender que el otro carga con un profundo dolor histórico.
El reconocimiento, por un lado, del
sufrimiento causado por el Holocausto judío, y por otro, el
dolor por la nakba (catástrofe) a los palestinos, como ellos
llaman a la creación de Israel en 1948, fue mucho más
importante que el aspecto político: que los palestinos acepten
a Israel y los israelíes a la nación palestina.
El breve intervalo que se caracterizó por
comenzar a comprender el dolor ajeno se desvaneció por
completo en la última década. El regreso de la violencia llevó
a que ambos pueblos se infligieran más daño a fin de mitigar
su propio sufrimiento. Esos no
fueron los términos empleados por Obama para reclamar la paz.
Pero la necesidad de comprender el dolor del otro fue el
mensaje central de su discurso, un pedido y un desafío lanzado
en cuatro direcciones distintas, a los israelíes, a los
palestinos, al mundo árabe y a los judíos que apoyan a Israel.
El respaldo de Estados Unidos a Israel es
"inquebrantable", subrayó, algo prometido con fervor por sus
predecesores. Lo nuevo de Obama no
fue su énfasis en el compromiso de su país con la seguridad de
Israel, sino su contundente afirmación sobre la legitimidad de
la existencia Israel debido a los siglos de sufrimiento
padecidos por el pueblo judío que derivaron en el Holocausto
perpetrado por los nazis. Su
llamado fue mucho más allá del acostumbrado reclamo de que los
árabes acepten la realidad de Israel. Más bien, apuntó a que
acepten el derecho a la existencia de Israel, lo que es muy
difícil para muchos árabes, en especial para los palestinos.
Obama "aceptó el relato israelí" al
respecto, reconoció el conocido analista de Al Jazeera Marwan
Bishara. Pero también insistió en
que los israelíes deben, a su vez, tener un gesto importante
hacia los palestinos. Además de comprender la necesidad de
terminar con la ocupación, deben reconocer, como lo hizo
Estados Unidos, según dijo él, "el dolor que el desplazamiento"
ha causado en los palestinos en las últimas décadas.
Algunos israelíes se negarán a ver una
equivalencia entre el sufrimiento causado por el Holocausto a
los judíos y el padecimiento palestino por la creación de
Israel.
Pero el
discurso de Obama no se centró en equivalencias, sino en
tratar de encontrar una forma similar de llegar al corazón de
ambos pueblos. Lo realmente novedoso fue que el mandatario se
refirió al pasado, al presente y al futuro: el dolor por lo
ocurrido, la legitimidad de Israel y de Palestina y la
ilegalidad de la ocupación. Dejar
descansar la historia y llevar la solución a un plano
diferente permitirá construir un camino fructífero para evitar
un enrevesado conflicto de 100 años por un pedazo de
territorio, señaló. Obama le
aseguró al mundo que no dejará de exigir las medidas concretas
necesarias para que la intensa presión moral cree un nuevo
ambiente que permita avanzar de forma significativa hacia la
paz. La violencia, le dijo a Hamás
y al movimiento chiita libanés Hezbolá (Partido de Dios), no
sólo es inaceptable como forma de lograr sus objetivos, sino
que no funciona. Deben abandonar
la violencia por completo, remarcó. Pero es Israel el que
tiene la responsabilidad y el que debe dar los primeros pasos
para revitalizar el diálogo y terminar de inmediato con la
actividad en los asentamientos.
Claramente dijo que los asentamientos son ilegales.
La retórica fue sumamente impresionante,
señaló el izquierdista Yossi Sarid, ex ministro de Educación
israelí, activista político y columnista.
"La alocución de El Cairo abrirá el
próximo volumen de ‘grandes discursos que cambiaron la
historia’, de eso estoy seguro. Quizá no sea el discurso de su
vida. Pero sí el de nuestras vidas, de los condenados de esta
zona, condenados a ver la cara del desastre y de la muerte".
La idea de que el mandatario
estadounidense iba a transmitir un mensaje de moral se disipó
con su discurso que sonó a un acorazado compromiso con la paz,
a lo que siguió una advertencia velada: Estados Unidos, dijo,
estará del lado de los que aspiren a la paz.
Quizá no fue el plan de paz más concreto
que hayan recibido israelíes y palestinos. Pero es el más
creativo. Puede poner a prueba el creciente cinismo que domina
a la región, la falta de confianza en que se puede llegar a un
acuerdo y en que el abismo que los separa, en cuanto a
reclamos concretos, es insalvable.
El discurso de Obama puede entenderse como un intento de
reavivar el proceso de paz mediante un viaje que lo llevó de
El Cairo a Europa, donde visitará el campo de concentración
nazi de Buschenwald y las playas de Normandía, donde
desembarcó la invasión aliada a la Europa ocupada que inició
el fin de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945).
Es un viaje que llama a trascender el
dolor para transitar un camino de reconciliación.
Ninguna de las partes podrá ignorar
fácilmente las palabras de Obama. Es que éste dejó su marca y
la de Estados Unidos. También dejó claro que no descansará
hasta que se arraigue la idea de que la situación actual se
puede superar y probar que la paz duradera no es un sueño
difícil de alcanzar. |
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